Entrar Via

La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 253

  Capítulo 253: Vamos a hablar de una vez por todas.

Renata abrió los ojos tan grandes que casi podían salírsele; ella había sido captada en el acto. Diana, tan pronto vio a su padre y madre, se zafó y corrió hacia ellos.

Marina inmediatamente envolvió a su hija en un abrazo, mientras que Renata se había quedado pasmada. Su padre no dijo nada más, la tomó del brazo y la sacó del área de juegos.

Renata no decía nada, solo seguía presa de la enorme mano de su padre. Marina vio a su hija y le dolió el corazón, aunque si las miradas mataran, ella junto a Diana estarían bajo tierra en ese preciso momento.

—Nos vamos. —Escuchó Marina de parte de Esteban.

El hombre no dijo nada, simplemente subió a su hija, la aseguró, mientras Marina hacía lo mismo con Diana.

—No quiero una discusión dentro del auto. — ordeno Esteban con voz contenida.

Marina no sabía qué pasaba por la cabeza de aquel hombre; solo sabía que este hombre estaba furioso; lo podía ver en la vena que tenía en su frente y en el temblor de sus manos.

Hasta ese momento, Esteban no le había tocado enfrentarse a una situación así.

El camino a casa de Marina fue totalmente silencioso; ella no podía creer lo que seguía sucediendo. Hoy definitivamente no había avanzado nada; al contrario, Renata había quedado expuesta ante su padre.

Una vez que Esteban llegó a la nueva ubicación de Marina y sus hijas, solo dijo algo:

—¿Puedo pasar a tu casa?

Marina no puso objeción y afirmó con la cabeza. El hombre ya se notaba más calmado; Marina difícilmente sabría qué ideas cruzaban por su cabeza, pero estaba segura de que ya traía algo entre manos.

Una vez que todos llegaron a la sala, Esteban fue el primero en hablar.

—Renata, ¿a dónde se supone que vas?

Esteban se mostraba serio; no necesitaba levantar la voz para causar cierto temor en sus hijas, pues con su expresión lo decía todo.

—¡Voy a mi habitación! ¿Qué acaso no es eso lo que quieren? Me van a castigar, ¿no? Pues me les voy a adelantar.

—¡Ven aquí! —dijo Esteban señalando un espacio en el sofá. —Sea lo que sea que te traes con tu hermana, ahora mismo nos lo van a explicar. Yo creo que tu madre ha sido muy paciente, pero tú sabes que yo no soy así, por lo que más te vale que vengas aquí ahora mismo.

Renata hizo una mueca de disgusto, levantó la mirada y retó a su padre. Lo que ella no esperaba eran las palabras que este soltaría luego de ello.

Marina, por su lado, solo era espectadora del momento; ella muchas veces había corregido a su hija y se había enfrentado a la misma situación.

Ahora que le tocaba a Esteban, ella quería ver qué era lo que hacía, pues por mucho tiempo, él creía que era fácil controlar a Renata, pero siempre sucedía todo lo contrario.

—Diana, tú también, quiero que te sientes en este lugar. —dijo Esteban sin cambiar el semblante. — Ustedes dos, no sé qué se traen, pero eso lo vamos a arreglar ahora mismo. Su madre ya ha sido lo bastante paciente; no obstante, me conocen y saben que yo no soy tan paciente como ella.

Renata solo cruzó los brazos y puso cara de molestia; Diana no paraba de llorar en silencio mientras jugueteaba con su cabello.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)