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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 255

Capítulo 255: Renata no está tan alejada de la realidad.

Tras aquellas palabras, Renata ya no soportó quedarse ni un segundo más ahí, y salió corriendo escaleras arriba.

La niña iba llorando; ella solo trataba de defender lo que creía correcto, pero todo le había salido totalmente mal. Su padre acababa de amenazarla con algo que jamás creyó posible; es más, ella ni siquiera sabía que era Surrey, ni conocía la mentada escuela.

Al ver cómo todo se le venía encima, simplemente se encerró en su habitación y se lanzó sobre la cama a llorar. Ella no quería irse, ella quería quedarse; aquí estaban sus amigas, sus amigos, estaba Gio, su primer novio.

—¡Maldita! ¡Maldita! ¡Maldita, Diana! —repetía una y otra vez.

Renata en México era la abeja reina, aquí tenía todo lo que ella necesitaba, ¿cómo era posible que su padre siquiera contemplara que la podía apartar hasta de su madre? No, eso no, simplemente no podía ser posible; si lo hacía, al final quería decir que Diana había ganado.

Diana, por su lado, al ver la situación, solo bajó la

cabeza; nunca imaginó que aquella discusión en el juego subiera tanto de tono; sin embargo, ella debía reconocer que había sido quien había comenzado todo, no Renata, como creían sus padres.

El miedo, la vergüenza de aceptar que lo que dijo Renata era verdad, la hizo callar, esto debido a que ni ella misma sabía lo que sentía.

Diana no podía describir en palabras lo que sentía; solo sabía que desde que conoció a Gio y este le prestó un lápiz, nada volvió a ser igual. Él era el primer niño que se portaba amable con ella, así que, desde ese día, ella no había podido dejar de mirarlo.

Giovanni Barzinni no era como los demás niños.

Gio era un niño bien portado, educado y servicial; se notaba que su mamá lo quería demasiado. Su papá era un hombre que daba miedo, pero se veía que también lo quería mucho.

Diana debía confesar que envidiaba a Renata; ella, con su encanto normal, había logrado captar la atención de ese niño. Gio había sido amable con ella solo el primer día; luego de ello, la ignoraba, no porque fuese malo, solo porque no le interesaba entablar amistad con ella, siendo que su hermana era mucho más interesante.

—Diana, por favor, ve a tu habitación y no quiero más discusiones. —dijo Esteban con la voz un poco

más calmada, pero con un semblante que no aceptaba negativas.

—Sí, papá.

Marina no pudo más y se abalanzó sobre él; luego, comenzó a golpear el pecho de aquel hombre con los puños mientras descargaba todo lo que pensaba y no había dicho.

—¡ERES UN MALDITO! ¡ERES UN MALDITO! ¡TUUUU! ¡TÚ ARRUINASTE MI VIDA! AHORA, NO CONTENTO CON ESO... ¡ARRUINAS LA VIDA DE TUS HIJAS! ¡TODO ES POR TU MALDITA CULPА! Marina comenzó a sentir como el nudo en el pecho se subía a su garganta. El dolor de recordar cómo fue vilmente engañada, cómo fue que ella creyó que se había casado con el amor de su vida, cómo era que pensaba que serían felices toda la vida se juntó con el dolor que sintió hace poco más de siete meses.

—¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ NO PUDISTE FIJARTE EN ALGUIEN MÁS? ¿POR QUÉ TUVISTE QUE OBLIGARME A VIVIR ESTO? —dijo Marina apartándose un poco para verlo a la cara. —¡YO TE AMABA! ¡YO TE AMАВА! Toda su vida estaba hecha un caos y, por como veía, ese caos que tanto había estado conteniendo se estaba colando y estaba tocando a lo más preciado que tenía.

—¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ DEMONIOS JUGASTE CONMIGO? ¿ACASO NO PUDISTE BUSCARTE A UNA MUJER AQUÍ? ¿POR QUÉ TUVISTE QUE IR POR MÍ AL PUEBLO? ¿EH? ¿EН?

Marina había estado conteniéndose por meses; ella no le había reclamado nada, no había sentido la necesidad. Mientras el dolor lo pudiera canalizar solo en ella, no era problema, pero ver cómo sus hijas estaban saliendo afectadas, eso sí era la gota que había derramado el vaso.

—¡Yo soy una reverenda idiota! ¡Una estúpida! Renata no está tan alejada de la realidad, ¡soy patética! ¡Estoy jodida! Y todo para qué, ¿para qué?

¡Todo fue por mi maldita estupidez! Marina no paraba de llorar, mientras que Esteban solo miraba la escena y se estrellaba contra una realidad que se había negado a ver.

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