Capítulo 273: ¿Qué sucede, Efraín?
Efraín se queda pasmado por unos minutos; las palabras que Marina le ha dicho se quedan flotando en su mente. ¿En qué demonios estaba pensando cuando hizo lo que acababa de hacer?
Él era quien debía estarle pidiendo perdón; él era el que había fallado. Marina lo había recibido con emoción y él solo había venido a reclamar, pero ¿qué iba a reclamar? Sí, él había hecho algo mucho peor; él había traicionado la confianza de ella, había fallado y de una manera que jamás pensó.
Al final, las palabras que Patrik en algún momento le había lanzado se habían hecho realidad; él se había estrellado con sus viejas malas prácticas, siempre había sido así, al menos desde el momento en que comenzó a llamar la atención de las jovencitas.
Con aquello en mente, rápidamente se levantó de la mesa y fue a buscar a Marina.
Ella, por su lado, estaba en la cocina, tomaba un poco de agua, mientras meditaba a dónde podía irse con sus hijas; lo único que se le venía a la mente era el apartamento de Lina; sus niñas tenían una habitación en donde se quedaban. Ella podría dormir en el sofá solo en lo que conseguía un apartamento o algo que pudiera pagar su renta.
—Marina... —Escucho claramente a la joven mujer.
Segundos después, este entró a la cocina y se sintió terrible ante el rostro preocupado de ella.
—Marina, por favor, ¡perdóname! ¡Perdóname! Yo no quería decirte esas cosas, es solo que...
—¿Qué, Efraín? ¿Qué? Regresas a mi vida, te vendes como el adulto maduro, te vendes como el hombre que me comprende, que me conoce y, al primer problema que tengo con mi realidad, con mi vida, me echas en cara el no poder ponerte como prioridad uno.
No, Efraín... Yo no tengo nada que perdonarte, pero me queda claro que no estoy lista para una relación.
Tengo cosas que resolver, tengo cosas que limpiar, tengo dos vidas que ayudar a sanar y no, no voy a tener tiempo para mí; esas épocas se fueron. Ahora, por el momento, yo no importo, importan ellas, así que he sido clara, ya dije lo que dije.
Marina acababa de decir todo aquello convencida de que lo mejor que podía hacer era detener todo lo que tuviera que detener; no podía seguir fingiendo que luego de firmar su divorcio, inmediatamente conocería a alguien, comenzaría de nuevo y todo sería alegría y felicidad. Eso no era la realidad; su realidad era totalmente diferente.
—¡Perdóname! Yo sé que dije cosas que te hicieron sentir mal, pero quiero que entiendas algo, quiero que te pongas en mi lugar... Hace años, yo, yo cometí el error de externar mis sentimientos por ti a Esteban; confié en él; él ni siquiera te tenía en su mente, ni te recordaba y luego, cuando sucedió lo de...
—¡Basta, Efraín! Por favor, basta, no necesito volver a escuchar esta historia, ya me la conozco muy bien, así que mejor evitemos esa parte.
—No, Marina, es que quiero que me entiendas. Yo, tú, nada de esto estaría sucediendo si yo jamás le hubiese dicho nada a Esteban. Yo podría haberme sincerado; esas niñas serían mías, tú te habrías casado conmigo. Quiero que entiendas que sí, soy inseguro, ¿y cómo no podría serlo? Él me robó la oportunidad de estar contigo desde el inicio; él me quitó esa oportunidad.
Marina lo escuchó y sabía que en parte tenía razón, pero no todo era así; ella se conocía y en esa época, aunque Efraín se le hubiese declarado, ella lo habría rechazado. ¿Para qué se mentía? Sabía bien que ella estaba tonta, que creía que algún día Esteban se fijaría en ella, tal como lo creyó en el pasado.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)