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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 272

Capítulo 272: Mi vida volverá a ser tal como era antes...

—Esteban, no te esperaba, pasa, pasa, hermano, ¿dónde te has metido todos estos días?

—He tenido unos días terribles... —dijo Esteban entrando al apartamento de su amigo Armando.

—Lorena me ha preguntado por ti.

—¿Lorena? ¿Qué quiere esa mujer?

—Fui a Nueva York y me la topé a la salida de una junta que tuve.

—¿Ah, sí?

—Sí, se ve que le está yendo tal como siempre. Se nota que no le afectó para nada la separación.

Honestamente, esa mujer nunca me ha dado buena espina. Tú sabes que le hablaba, pero siempre guardé mis reservas.

—¿Qué te dijo?

—Hmm... No mucho, solo me pregunto, ¿Cómo estabas?

—¿Qué le dijiste?

—La verdad, le dijo que últimamente no te había

visto.

—Hmm... Bien, eso es la verdad.

—Así es, dime, ¿de verdad la vas a dejar ir?

—Esa es una decisión que ella tomó; si está esperando que yo vaya a buscarla y le pida volver, está muy equivocada.

—¿Ya has tomado la decisión?

—Sí, sí, la verdad es que estuve pensando las cosas y, Lorena, solo me trajo caos, me llevó al maldito punto en donde estoy, pero... —dijo Esteban con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro.

—¿Pero?

—He analizado todo mi entorno, todo lo que me ha ocurrido y he decidido que quiero regresar mi vida a como estaba antes.

—¿Qué es lo que quieres decir exactamente?

—Eso, que he decidido que quiero darme otra oportunidad con mi exmujer.

Armando, por un momento, se quedó sin palabras; luego dijo:

—¿Qué, no? ¿Acaso tú fuiste el que decidió terminar con aquello?

—¡Claro que fui yo! Pero es de sabios cambiar de opinión, ¿no?

Armando se quedó callado; él siempre había sido honesto. No le caía para nada bien Marina; se le hacía una mujer totalmente estúpida e idiota. No era que tuviera algún prejuicio sobre ella; no obstante, que la mujer no fuese totalmente lista y se hubiera casado con Esteban sin conocerlo, le dejó claro que no brillaba precisamente por ser inteligente.

Era eso o era que la mujer era demasiado interesada como para aguantar la vida que le dio Esteban, todo claro, a cambio de dinero.

—Ya te has divorciado de ella, te costó que ella tomara la decisión y ahora, ¿vienes a decirme que quieres volver?

—La vida de mis hijas está hecha un tremendo caos, digo, sé que me dejé llevar por Lorena y lo que representa, pero, Renata y Diana, créeme, mis niñas son las que más han sufrido con la separación.

—Esteban, eso ya lo sabías, no me salgas con que hasta ahora lo pensaste. Hace meses no pensabas lo mismo; es más, dejaste que Renata conviviera con Lorena. Diana no convivió porque es totalmente fiel a Marina, pero aún no logro comprender, ¿Por qué ese cambio de parecer?

—¿Sabes cuántas cosas he perdido luego de separarme? ¡Dios! Creo que no necesito recordártelo, ¿o sí?

—No, claro que no, pero, hace meses, según tủ, lo que sentías por Lorena era tan fuerte que estabas dispuesto a afrontar lo que viniera. ¿Qué ha cambiado?

—Marina, Marina ha cambiado, se nota diferente, más fuerte, más centrada, no lo sé, dime idiota si quieres, pero la veo y no puedo creer que esa mujer era con la que dormía todas las noches. ¿No tienes ni una puta idea de lo hermosa que se ha puesto?

—¡Imagínate nada más! Si tú dices aquello, ¿qué no va a decir Ángel cuando la vea?

—Por eso ya tengo un plan.

—¿Qué plan? No te estoy entendiendo.

—Mis hijas tienen problemas entre ellas, así que decidí que las voy a enviar a Surrey.

—¿Ridículo dices?

—Pues sí, hermano, a ver, mírame, dime, primero no hallabas cómo quitarte a Marina de encima, luego tenías a Lorena, con quien cogías bastante y bastante bien, ahora no tienes ni a la una ni a la otra, ¿qué demonios buscas? ¿Acaso pretendes caer en un círculo vicioso?

Esteban confiaba en Armando solo para ciertas cosas y esta, esta era una de ellas.

—Con Marina lo tenía todo: estabilidad, un buen puesto, mi familia, el mundo me respetaba, tenía una mujer que haría lo que sea por mí, ¿por qué no querría regresar con ella?

—Esteban, amigo, tú no veías eso antes, ¿qué demonios sucede ahora?

—¡Quiero mi puta vida de regreso! ¡Eso es lo que quiero!

Armando sirvió dos tragos; uno se lo entregó a Esteban, el cual lo primero que hizo fue tomarlo de un solo golpe y pedir otro.

—¡Ay, Esteban! Según tú, ya se había calculado esto; la verdad, no estoy comprendiendo nada, de verdad, nada.

—Ay, Armando, no necesito que me entiendas, solo quería platicar un rato, pero ¿Por qué esa duda?

¿Por qué ese interés?

—Amigo, ¿no crees que estás mal? Digo, Marina nunca ha sido de mi gracia, pero si ya la dejaste, ya, termina con eso, búscate a una buena mujer, olvídate de Lorena; hay muchas otras mujeres, Marina no es la única opción para darte estabilidad, eso ya deberías saberlo, no estoy hablando con un escuincle.

Mucho me temo que, si no te das cuenta a tiempo, solo vas a caer en el mismo hoyo en el que te sentías

estando casado con Marina y eso, Esteban, eso no te va a ayudar en nada. —dijo Armando, preocupado por las acciones o ideas de su amigo.

—Bueno, vine aquí porque quería un trago, platicar y verte; ya lo hice, ahora me voy, debo hablar al instituto en Surrey, comprar una nueva casa y poner todo en orden para que Marina y mis hijas se vayan a vivir ahí.

—Esteban, de verdad, espero que no estés cayendo en tu propia trampaа.

—Mi querido Armado, ya verás, en menos de lo que te imagines, mi vida volverá a ser tal como era antes y mejor, porque tú sabes que cosas como las que vivimos Marina y yo, bueno, bien pueden encender la llama que estaba apagada.

Armando movió la cabeza en negación nuevamente; su amigo sí que estaba mal. Él esperaba que todo esto no se le fuera a salir de las manos y explotarle en la cara.

 

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