Con los primeros rayos del sol, Marina despertó; al hacerlo, sintió como algo pesado no la dejaba levantarse. Trató de moverse, pero solo provocó que aquello que la retenía, la apretara aún más.
Inmediatamente reaccionó y se levantó de golpe de la cama; al hacerlo, evidentemente despertó al hombre que estaba a su lado.
—¿Qué demonios haces, Esteban? —dijo Marina un tanto sorprendida.
—¿Qué? ¿Qué sucede?
—¡Dios! ¿Sabes qué? ¡Me voy! Definitivamente, me has arruinado las vacaciones; me voy a casa. Espero estés muy a gusto con el hecho de obligarme a volver. —expresó Marina caminando hacia su maleta y comenzando a recoger todo.
Esteban no supo en qué momento había hecho lo que hizo. Sí, efectivamente recordaba haberse recostado al lado de su exmujer, pero, no recordaba haber cruzado la línea.
—Bien, te ayudo a recoger tus cosas… —dijo él, enfocándose en la mesita de noche y sus medicamentos.
—¡Haz lo que se te dé la gana! Pero te recuerdo una cosa, Esteban… tú y yo, ya no somos nada. Si me regreso a casa es porque no quiero seguir viéndote la cara; por lo menos en la Ciudad de México estarás ocupado con tu mujer y no tendrás tiempo para molestarme.
—Yo no pretendo molestarte, solo me quedé aquí porque me preocupas.
—¿Por qué debería preocuparte? ¡Dime! ¿Por qué?
—¡Eres la madre de mis hijas! Y aunque nos hayamos separado, tú siempre serás parte de mi familia.
—¿Sabes una cosa? Por más que intento entender qué es lo que quieres decir con esto, simplemente no puedo, simplemente no me cabe en la cabeza cuáles son tus intenciones. Hace medio año me pediste el divorcio, ya te lo di y, ¿ahora resulta que no puedes dejarme? ¿Acaso no crees que eso suena un tanto incoherente de tu parte?
—No, eres mi esposa y, aunque nos hemos divorciado, siempre serás parte de la familia Montemayor. No se te olvide que yo soy quién pagará todas tus cuentas toda la vida.
—¡Vaya! ¡Qué rápido sacas a relucir lo económico! ¿Sabes una cosa? Tal como te lo dije ayer, lo que me des, será para tus hijas, no para mí, así que, por favor, olvídate de esta cantaleta, ¿ok? Ahora, si me disculpas, me voy; que disfrutes los días que restan.
—¡MARINA! ¿A DÓNDE RAYOS VAS?
—¡A casa, Esteban! ¡A casa!
—¡Dios! Vine por ti, así que vámonos juntos.
—Sé cuidarme sola, no necesito que vengas y finjas por lo que piensen los demás, ya no más. ¡Eres libre! ¡Entiéndelo! No necesitas crear toda esta escena para hacerme ver que te interesa mi bienestar, ¡Adiós, Esteban!
Marina salió de la habitación, sin inmutarse ante el hombre que dejaba atrás. Definitivamente, sin Efraín y con Esteban ahí, aquellas vacaciones se tenían que terminar inmediatamente.
—Señora Montemayor, deme su equipaje, el señor bajará en un instante. —dijo Paco, el chofer y jefe de escoltas.
—Paco, ¿cuándo vas a entender que ya no soy la señora Montemayor? Además, no tengo por qué esperar a tu jefe, vine sola y sola me voy. ¡Adiós!
Paco no esperó una respuesta, simplemente tomó la maleta de Marina y se la quitó. La joven mujer, por su lado, miró la escena y simplemente, ya no se molestó, soltó su maleta y dijo:
—Me mandas mi equipaje tan pronto como lleguen; yo me voy, no tengo por qué esperar a tu jefe.
—Señora…
Marina caminó hacia donde había un carrito de golf y se subió. Aquella mujer no imaginaba que sus vacaciones terminarían de esta manera, aquello la hizo sentir terriblemente frustrada. Ya tenía planes, los cuales cambiaron de un momento a otro y ahora, nuevamente, todo se había ido al carajo.
Al llegar al muelle, se topó con que Esteban, ya la estaba esperando.
—¡Dios! ¿Por qué ahora te empeñas en estar pegado a mí, como chicle en el zapato?
—Te lo dije, vámonos a casa, ya estando ahí, puedes hacer lo que se te plazca. En el aeropuerto, está esperándonos el avión familiar, no necesitas apartar ningún vuelo.
Marina se quedó callada, cualquier cosa que dijera no tendría relevancia.
—¡Cariño! Vamos por un poco de agua, mamá viene sedienta. Por cierto, ¿dónde está Renata?
—¡Oh! Sí, ella fue con Alexa a hacer una tarea. —expuso Diana con total calma.
—¿Qué tarea?
—Una tarea que nos dejaron por equipo.
—¿La llevó el chofer?
—Sí, mami, yo me quedé aquí en casa, Ofelia fue rápido a traer una cosa al super, es que le pedí que me hiciera un pastel de zanahoria.
Marina movió la cabeza en negación, Ofelia tenía muy consentidas a ambas niñas y bien sabía que, no había cosa que no hiciera por ellas. Sonrió un poco, pero antes de continuar con su rutina normal, la voz de su exmarido la volvió a sacar de su tranquilidad.
—¡Listo! Te dejé la maleta en el guardarropa. Veo que aún conservas mi ropa.
—La voy a dar a la caridad, no te preocupes, necesito espacio para mi ropa, así que, si hay algo que quieras de ahí, avísales a las niñas y que te lo lleven.
Esteban se sentía incómodo, pero, al final, era más su molestia por la actitud de Marina. Él tenía claro que Ángel había estado hospedado en ese mismo hotel, pero no tenía cómo confirmar que había tenido contacto con ella y, Marina, de cierto modo, aunque ya había aprendido a leerla, esta vez simplemente, por más que intentaba, no podía.
—Bien, Esteban, ya te aseguraste de que llegara a casa sana y salva. Agradezco tus cuidados, pero ya puedes ir a casa, supongo que debes tener cosas más importantes que hacer, ¿no lo crees?
Esteban, al igual que Marina, no quería mostrarse peleando con ella, así que solo sonrió e hizo caso del comentario de su exmujer.
—Nos vemos, mi niña, me saludas a Renata, ¿eh?
—Sí, papá…

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