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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 56

—Señor Forcelledo, su tío me pidió venir por usted. —dijo Carlos al verlo descender del avión privado.

—Carlos, ¿qué? ¿Mi tío piensa que voy a salir huyendo?

—No, solo quiere asegurarse de que llegue con bien a la compañía.

—Hmm… No estoy de muy buen humor, no quisiera llegar a la empresa.

—¿Qué sucede, señor?

—Sabes que no me gusta que personas ajenas tomen decisiones sobre mí…

—¿Es por el anuncio de hoy?

—Es correcto, mi tío solo decidió que hoy era bueno anunciar mi llegada, pero en ningún momento me lo consultó.

—Ya conoce a su tío; le gusta mantener el control, más con todo lo que está sucediendo. Traté de entenderlo…

—Entender, ¿qué?

—La situación en la compañía no ha sido buena, anda muy estresado y luego que el señor Esteban no ayuda mucho.

—Ese idiota nunca ayuda y ahora me toca venir a limpiar su mierdero.

—Trate de calmarse, no vaya a llegar así a la empresa. Recuerde, es más lo que se gana con calma que con gritos.

—Bueno, voy a cerrar los ojos, estoy molido…

—¿No se supone que fue a descansar?

—Hmm… digamos que sí descansé, pero hubo algunas cosas que… Bueno, ¿por qué te doy explicaciones, Carlos? Anda, llévame a ver a mi tío; me despiertas cuando lleguemos… ¡Ah! Por cierto, ¿qué sabes de mi apartamento?

—Ya el señor Montemayor ha dado la orden de buscarle uno en Santa Fe.

—¡Muy bien! ¿Y mi deportivo?

—Ya solo usted me dice cuándo lo llevamos a escogerlo…

—Bien, ahora así, cierro los ojos, me despiertas tan pronto lleguemos.

—Sí, señor.

Efraín había tenido que regresar de emergencia debido a la presión que ejerció su tío; aquello no le había agradado en lo absoluto, pues su regreso significó dejar sola a Marina. Aquellos días bien podían reducir la brecha que había entre ellos, pero su tío había venido a arruinar sus planes de conquista.

Tras hora y media en el tráfico, Carlos despertaba a Efraín, pues estaban llegando al edificio del grupo Montemayor. Básicamente, había sido un día perdido, pero ante la presencia de Carlos Casseres, Dante Montemayor no había tenido más opción.

—Carlos, ¿ya vienen en camino?

—Justo estamos llegando, señor.

—Bien, los veo en la sala de juntas de presidencia.

—¡Esta bien, señor!

Tras terminar la llamada, aquel hombre miró al joven que llevaba detrás, desconocía que lo tenía pensativo y sonriente, pero no tenía que ser muy listo para imaginar que de alguna mujer se trataba.

—¡Listo, señor Forcelledo! Hemos llegado. Traté de mostrar tranquilidad; por lo que entendí, el señor Casseres está en la compañía.

—¿Carlos Casseres?

—¡Efectivamente!

—¡Vaya! Sí que es serio lo que está ocurriendo…

—Ya lo verá, señor… Por cierto, no es algo que sea de relevancia, pero creo que es bueno que lo sepa.

—Dime…

—Hoy fue el último día que laboró Lorena Huesca en la parte comercial.

—¿Lorena Huesca estaba en la nómina?

—Sí, señor… La mujer entró a la compañía, prácticamente al mismo tiempo que el señor Montemayor se separó de la señora Montemayor.

—Sí, tío, Carlos y Cecilia, son unos de mis clientes más fieles.

—¡Vaya! No me lo hubiera imaginado.

—Bien, pues tuve un viaje demasiado agitado, por la premura con la que me hicieron venir, por lo que, entre más rápido podamos cerrar el tema, sería mejor para mí.

—Bien, pues como ya se conocen, no creo que sea necesario dar los pormenores de la experiencia de mi sobrino. ¿Qué opinas, Carlos?

—No, de hecho, el ver que se trata de Efraín Forcelledo, me dejas más tranquilo Dante. Definitivamente, no pudiste seleccionar a un mejor candidato.

—Bien, entonces regresemos a lo que estábamos y tú, hijo, revisa estos documentos, fírmalos, ya que, desde hoy, eres oficialmente el nuevo CEO del Grupo Montemayor.

Efraín miró a su tío; por un momento se le iba a salir una sonrisa de satisfacción, pero la evitó, no quiso hacer ruido. Si algún día cobraría venganza por lo ocurrido hace años, debía ser cauteloso e ir poco a poco.

—Bien, si no les molesta, ¿puedo revisarlos aquí o debo irme a otra oficina?

—No, claro que no; es más, quédate, sería bueno que vayas empapándote de todo lo que se revisa en la compañía.

—Está bien, supongo que escuchar los pormenores, no me hará nada mal, ¿cierto?

—Por cierto, ¿de dónde te mandé a traer?

—Estaba en Cancún…

—¡Oh, ya! Mi más sincera disculpa. Lamento mucho arruinar tus vacaciones, pero era de suma importancia que Carlos, aquí presente, supiera que ya hay una nueva cabeza y que mejor que ambos se conocen.

—No te preocupes tío, ya nos arreglaremos después para que pueda tomar mis vacaciones de manera tranquila.

A Efraín le urgía salir de ahí, quería llamar a Marina, le preocupaba no haber recibido ni un mensaje o llamada suya, pero todo apuntaba a que aquella reunión, se alargaría por varias horas más.

Este hombre tenía muy claras varias cosas: en su familia, los hombres solían ser siempre los que se imponían ante las mujeres; lo había visto en Sofi, lo había vivido con su madre y también, aunque pareciera extraño, lo había visto de primera mano con su tío y primo.

Él no estaba de acuerdo con que su madre, siendo la mujer que era, viviese exiliada en Nueva York, como si divorciarse fuera un delito mayor. Efraín era consciente de que su madre era feliz ahí, pero siempre se le hizo totalmente injusto que a ella la hubiesen enviado ahí, siendo que ella tenía mayor capacidad de llevar el mando del grupo Montemayor.

Ahora que la vida le había puesto la oportunidad de tomar la cabeza que siempre creyó sería de Esteban, no perdería la oportunidad de hilar las cosas a su favor, por lo que estaba claro que debía ser paciente y mostrar cierta sumisión, al menos, claro, hasta que estuviera muy bien posicionado.

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