—Señor Forcelledo, su tío me pidió venir por usted. —dijo Carlos al verlo descender del avión privado.
—Carlos, ¿qué? ¿Mi tío piensa que voy a salir huyendo?
—No, solo quiere asegurarse de que llegue con bien a la compañía.
—Hmm… No estoy de muy buen humor, no quisiera llegar a la empresa.
—¿Qué sucede, señor?
—Sabes que no me gusta que personas ajenas tomen decisiones sobre mí…
—¿Es por el anuncio de hoy?
—Es correcto, mi tío solo decidió que hoy era bueno anunciar mi llegada, pero en ningún momento me lo consultó.
—Ya conoce a su tío; le gusta mantener el control, más con todo lo que está sucediendo. Traté de entenderlo…
—Entender, ¿qué?
—La situación en la compañía no ha sido buena, anda muy estresado y luego que el señor Esteban no ayuda mucho.
—Ese idiota nunca ayuda y ahora me toca venir a limpiar su mierdero.
—Trate de calmarse, no vaya a llegar así a la empresa. Recuerde, es más lo que se gana con calma que con gritos.
—Bueno, voy a cerrar los ojos, estoy molido…
—¿No se supone que fue a descansar?
—Hmm… digamos que sí descansé, pero hubo algunas cosas que… Bueno, ¿por qué te doy explicaciones, Carlos? Anda, llévame a ver a mi tío; me despiertas cuando lleguemos… ¡Ah! Por cierto, ¿qué sabes de mi apartamento?
—Ya el señor Montemayor ha dado la orden de buscarle uno en Santa Fe.
—¡Muy bien! ¿Y mi deportivo?
—Ya solo usted me dice cuándo lo llevamos a escogerlo…
—Bien, ahora así, cierro los ojos, me despiertas tan pronto lleguemos.
—Sí, señor.
Efraín había tenido que regresar de emergencia debido a la presión que ejerció su tío; aquello no le había agradado en lo absoluto, pues su regreso significó dejar sola a Marina. Aquellos días bien podían reducir la brecha que había entre ellos, pero su tío había venido a arruinar sus planes de conquista.
Tras hora y media en el tráfico, Carlos despertaba a Efraín, pues estaban llegando al edificio del grupo Montemayor. Básicamente, había sido un día perdido, pero ante la presencia de Carlos Casseres, Dante Montemayor no había tenido más opción.
—Carlos, ¿ya vienen en camino?
—Justo estamos llegando, señor.
—Bien, los veo en la sala de juntas de presidencia.
—¡Esta bien, señor!
Tras terminar la llamada, aquel hombre miró al joven que llevaba detrás, desconocía que lo tenía pensativo y sonriente, pero no tenía que ser muy listo para imaginar que de alguna mujer se trataba.
—¡Listo, señor Forcelledo! Hemos llegado. Traté de mostrar tranquilidad; por lo que entendí, el señor Casseres está en la compañía.
—¿Carlos Casseres?
—¡Efectivamente!
—¡Vaya! Sí que es serio lo que está ocurriendo…
—Ya lo verá, señor… Por cierto, no es algo que sea de relevancia, pero creo que es bueno que lo sepa.
—Dime…
—Hoy fue el último día que laboró Lorena Huesca en la parte comercial.
—¿Lorena Huesca estaba en la nómina?
—Sí, señor… La mujer entró a la compañía, prácticamente al mismo tiempo que el señor Montemayor se separó de la señora Montemayor.
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