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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 9

Capítulo 9: Ella estará bien, ¿verdad?

Esteban y Lorena se encontraban en la cómoda sala de su penthouse disfrutando de un apasionado momento íntimo, cuando el móvil de aquel hombre comenzó a sonar.

Lorena maldijo mil veces a quien estuviera Ilamando al hombre que tenía bajo sus piernas.

Aquella mujer había planeado esta noche; todo era perfecto, nada ahí podía salir mal.

Hoy sí o sí sería un buen día para tener intimidad; ya había hecho cuentas y estaba ovulando, así que sabía que, si se dejaban llevar por la pasión que sentían, su plan para asegurar su posición en la familia Montemayor tal como antes tendría éxito.

Esteban, por su lado, al escuchar el móvil quería contestar, pero no quería dejar de mirar a la mujer que tenía sobre él, menos cuando la vista que tenía era absolutamente maravillosa.

Aquel caballero trato de hacer caso omiso al primer llamado, pero luego de dos más, no pudo evitar sentirse intrigado y tentado a contestar.

—¡Perdón! ¡Perdón! Debe tratarse de algo urgente... —expresó Esteban, maldiciendo internamente su conciencia.

Lorena pensó que sería algo infantil reclamarle por dejarla así, por lo que solo sonrió con complacencia y dijo:

—Adelante... Siempre podemos volver a comenzar...

Esteban solo vio como aquella mujer se levantaba y caminaba desnuda hacia donde habían dejado sus copas de vino. Aquella imagen estaba a punto de hacerlo cambiar de opinión, pero al final, su dedo había sido más rápido.

—¿Esteban Montemayor? —se escuchó una voz al otro lado del móvil.

El hombre miró el móvil y poniendo cara de fastidio respondió:

—Si, ¿quién habla?

—Buenas noches, ¿es usted familiar de Marina Salas Toledo?

—Sí, ¿quién demonios habla? Si eres el abogado de mi esposa, te equivocaste de contacto; habla con mi abogado. —replicó Esteban, molesto por haber tomado la llamada.

—Soy paramédico de la Cruz Roja, le llamo para informarle que Marina Salas Toledo tuvo un accidente automovilístico. Actualmente se encuentra en el Hospital General de México y está siendo atendida ahí; buscamos en sus pertenencias y su nombre está registrado como contacto de emergencias.

Esteban al escuchar aquellas palabras, se quedó sin palabras, cualquier idea que fluctuara por su mente en ese momento, se borró al escuchar aquella noticia.

—¿Cómo está? —respondió Esteban en automático.

—Marina Salas está siendo atendida en el hospital, ya que presenta heridas de gravedad; le pido que venga inmediatamente, necesitamos su autorización para cualquier situación que se suscitara a futuro.

—¿Situación? ¿Qué maldita situación? —expresó Esteban con una extraña sensación de angustia envolviendo todo su interior.

—Señor, tranquilícese, necesitamos que venga aquí y pueda tomar decisiones.

—Pa... Pásame la maldita dirección, voy para allá.

Esteban no sabía que había ocurrido, solo terminó la llamada y en menos de lo que imaginó, se estaba poniendo ropa. Lorena, al verlo desesperado cambiándose, se sorprendió y dijo:

—¿Qué sucede? ¿A dónde vas? ¿Quién te llamó?

—Marina...

Lorena no pudo evitar sentir una como una ola de celos la invadió al escuchar ese maldito nombre, todo estaba saliendo a la perfección y esa maldita mujer venía a salir a colación.

—¿Qué ocurre con ella? ¿Está haciendo un escándalo?

—No sé qué ocurrió, me acaban de llamar del hospital, al parecer tuvo un accidente...

—¿Y tú qué tienes que ver?—preguntó Lorena molesta ante la situación.

—Lore... Soy su contacto de emergencias... —dijo Esteban acomodándose el saco.

—¿Por qué rayos te tiene como contacto? ¿Qué no ves? Hace un rato discutió con ambos; ¡seguro es un montaje! ¿De verdad piensas caer en algo que es obvio que no es verdad?

Lo dicho por Lorena por un momento lo hizo titubear, pero su móvil comenzó a sonar nuevamente.

—Señor Montemayor, soy Francisco Zepeda, bróker de la aseguradora que trabaja para usted.

Me comunico debido a que he sido notificado de un siniestro en el vehículo de su esposa; los paramédicos me dijeron que ya se han comunicado con usted.

—¿Francisco Zepeda?

—Efectivamente, señior, vine a atender el siniestro al saber que se trataba de su esposa. Lamento mucho la terrible situación; en el hospital dicen que requieren que alguien firme las autorizaciones para posibles operaciones.

Esteban se quedó helado ante tales declaraciones; definitivamente esto no se trataba de ningún chantaje, pensó aquel hombre.

Capítulo 9: Ella estará bien, ¿verdad? 1

Capítulo 9: Ella estará bien, ¿verdad? 2

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