Eran las 4:00 am cuando Efraín ya estaba de pie y se alistaba para ir a trabajar, claro que antes pasaría a dejar a Marina, quien se había quedado a dormir esa noche, si a lo que hicieron se le podía llamar dormir.
Marina lo observaba como se arreglaba y no podía evitar sonrojarse. El hombre era atractivo en toda la extensión de la palabra.
Cuando dijo que le gustaban sus tatuajes no lo decía por decir, ella lo miraba y consideraba que lo hacían lucir más sexy de lo que ya era a sus ojos. Aquello contrastaba con el elegante atuendo que había elegido ese día.
Si bien, Efraín no era un hombre sumamente musculoso, tenía lo suyo, tampoco poseía un cuerpo como su marido, pero este, en todo el tiempo juntos jamás la había hecho sentir las cosas que Efraín sí lo había hecho.
En un acto que ella no supo como explicar, al momento de ver que estaba por hacerse el nudo de la corbata, ella lo detuvo y sin decir más, se apodero de esa tarea. Él al ver aquella acción, solo sonrió, tomo sus manos, la acercó hacía él y la besó.
—¿Qué has pensado de lo que te dije? —preguntó en ese mismo instante.
—¿Pensar? ¿De qué?
—¡Marina!
—Hablamos de muchas cosas, ¿no lo recuerdas?
Efraín puso los ojos en blanco y dijo:
—De esto, de ti, de mí, de ambos…
Marina lo miró fijamente, él tenía sus manos atrapadas con las suyas, no había a donde huir.
—Dame tiempo, por favor, solo tenme paciencia, créeme, las veces que te he visto, mi vida se siente tan bien, como si toda la vida te hubiera esperado, pero… Ahora mismo, míranos, ni siquiera hicimos la lista de cosas.
—Hagamos una cosa, dame la oportunidad de verte más seguido, no quiere decir que ya seamos algo, pero, no me niegues la oportunidad de verte, de estar a tu lado, de platicar o incluso de ayudarte.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Déjame ayudarte con las tareas difíciles, yo sé que puedes hacerlo pero, déjame estar contigo, no como pareja, sino como amigos. Si tu decides que seamos algo, me lo dirás, mientras tanto, solo permíteme que te vea, dame esa oportunidad.
¿Esto era real? ¿alguien como Efraín le estaba pidiendo aquello? ¿Algo en el universo definitivamente estaba mal? ¿Cómo un hombre tan atractivo como él podía querer una relación con ella?
—¿Estás seguro de lo que dices?
—Sí, muy seguro, ¿Por qué lo dudas?
—Por que se me hace difícil creer que un hombre como tú haya puesto sus ojos en mí, por eso…
—Marina, tengo los ojos en ti desde hace mucho tiempo, ¿acaso no lo recuerdas? ¿Te has olvidado de lo que un día platicamos?
Marina trato de hacer memoria, pero nada, ningún recuerdo llegaba a su mente y sí, para su mala suerte, todo lo que había vivido en su juventud, esta no era la primera ocasión, pero le parecía borroso y no es que le hubiera sucedido algo. No, la realidad era que, en aquella época el único que le importaba era Esteban, así que lo que sucediera a su alrededor, le ponía poca atención.
Tras pensar en el pasado y en su presente, finalmente dijo:
—Efraín, hagamos un cosa…
—Dime…
—Quiero seguir viéndote, quiero que tengamos nuestras largas charlas como siempre. Solo te pido un poco de tiempo, quiero poner mi vida en orden antes que cualquier cosa.
Sé que sabes bien a que me refiero, si me quieres ayudar te lo agradezco y acepto, pero en el tema amoroso, dame tiempo y tenme paciencia, para mí no es fácil reconciliar la vida que hasta hace poco creía que tenía, con la que ahora tengo.
Solo pido tiempo y un poco de paciencia, no voy a negar que todo lo que ha sucedido aquí y en Holbox, me ha gustado. Me vería como una total idiota si rechazara aquello, disfruto de esto y créeme, lo disfruto mucho, pero antes que todo, hay muchas cosas que debo arreglar. ¿puedes esperarme? ¿Puedes tener paciencia? —dijo la mujer con cautela.
Efraín la atrajo hacia su pecho, con una mano rodeo su cintura, y con la otra, rodeo sus hombros. Ambos pudieron escuchar el corazón de uno y otro, él solo acaricio el cabello de Marina y dijo:
—No tienes que pedirme tiempo, ni paciencia, ni mucho menos deberías tener que estar diciéndolo. Desde el momento en que nos volvimos a ver, sabía perfecto que no sería nada fácil, sé que vienes de una relación complicada y sería muy estúpido de mi parte pedirte exigirte cosas.
Marina levanto la mirada y se dejo hipnotizar por esos ojos claros en lo que se podía ver que no había nada más que honestidad. Ella sonrió y él solo tomo su mentón y la besó.
—Te prometo que, desde ahora no tendrás que volver a tener miedo, yo estaré ahí, no porque vaya a resolver tu vida, sino poque quiero que tengas a que aferrarte para no caerte.
Luego de aquello, Efraín llevo a Marina a su casa y para después dirigirse a su oficina, en donde inicio su jornada mucho antes de lo normal.

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