Marina no podía creer que este hombre se estuviese puesto sus ojos en ella; él podría tener muchas mejores oportunidades. ¿Por qué se fijaría en ella? ¿Qué tenía que le gustara?
—¿Qué me estás queriendo decir con esto, Efraín? —preguntó intrigada.
—Estoy queriendo decirte que quiero que me veas como algo más que un amigo, quiero que estos encuentros que tenemos no se queden solo en eso. Quiero saber que puedo tener una oportunidad para conquistarte, para cuidarte, para estar ahí contigo; quiero que sepas que no me importa el pasado, solo me importa que ahora podemos intentarlo.
—Mi vida está hecha un caos en este momento, tú lo sabes.
—Sí, y también sé que, lejos de ser esposa y madre, también eres mujer. Una atractiva, inteligente y muy capaz mujer, la cual se me ha metido en la cabeza y no hay día que no desee verte.
Marina, quiero verte de manera constante, quiero poder salir contigo de manera normal; tú no estás haciendo nada malo. Quiero que te quede clara una cosa, Marina Salas Toledo: debes saber que si necesitas de alguien que te sostenga cuando sientes caer, ahí estaré… Quiero que hagas esa lista de cosas por limpiar y la cumplas; quiero ser tu apoyo, quiero que nos demos una oportunidad. ¿Es tan difícil de entender?
Marina se quedó sin palabras, no sabía qué responder; hasta hace una semana, Efraín ni siquiera figuraba en su vida. Ella, aun en una que otra ocasión, se encontraba llorando por todo lo que su matrimonio había sido.
Había momentos en los que se topaba con la idea de que todo lo que la rodeaba era una mentira y ahora, estaba ahí, desnuda sobre el cuerpo de un hombre diferente a su marido, un hombre que le estaba pidiendo una oportunidad, un hombre que un día fue un niño y que ahora no se parecía en nada a lo que ella recordaba. ¿Qué era lo que tenía que decir?
—¿Marina?
—Da… Dame tiempo; sé que pedir tiempo no es lo que esperas que te diga, pero aún no logro reconciliar mi vida. Aún me cuesta entender lo que sucede cada día y no voy a negar que suena estúpido de mi parte; mírame, acabo de tener sexo contigo y sueno realmente como una estúpida diciendo que me des tiempo, pero sí, sí necesito tiempo.
Efraín, necesito poner en orden mi vida, necesito sacar todo aquello que está de más en mi vida y quiero que me ayudes en eso, pero… —dijo ella mientras mordía su labio inferior conflictuada ante el vacío que sentía en su cabeza.
Aquel hombre notó la lucha interna que Marina llevaba y lo único que hizo fue atraerla hacia su pecho en un fuerte abrazo. Ella, al sentir aquello, al sentir su cuerpo desnudo pegado al de él, se dejó envolver por la calidez y tranquilidad que le daba, cerró los ojos y comenzó a llorar.
—¿Por qué lloras? —preguntó él mientras le acariciaba la espalda de manera suave.

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