Lina revisaba el documento que debía firmar, trataba de concentrarse en ello, pero por más que lo hacía, simplemente, no podía. Harta de perder el tiempo en aquello y preocupada por cometer algún error, al final desertó.
—Dalia, voy a salir a comer, regreso en una hora. —dijo Lina saliendo de su oficina tratando de encontrar un poco de paz.
Hoy finalmente había regresado a su trabajo; sus “vacaciones” habían terminado y debía ponerse la máscara que siempre usaba con todos. Hoy debía verse como la chica feliz, sonriente y valiente que tenía el mundo resuelto; sin embargo, esta vez, por más que lo intentaba, no podía, simplemente no podía.
Salió de su oficina, tomó su auto y condujo hacia el lago de Chapultepec. Al llegar al estacionamiento, caminó hasta encontrar una banquita, se sentó y se perdió en el último recuerdo que decidió que quería tener de él.
---Horas antes ---
La luz del sol se comenzaba a colar por la ventana; Lina despertaba mientras un brazo conocido rodeaba su cintura. Se movió y su cuerpo le dolió. La noche había sido larga, cansada y llena de emociones que no podía explicarse bien.
¿En qué momento las cosas habían cambiado de “lárgate” a esto? Lo sabía y se sentía la más idiota por ello; al final, no había sido la más fuerte que se podía; al final, se había dejado llevar por la gran atracción que sentía por aquel hombre.
—Buenos días… —Se escuchó la voz ronca y somnolienta de Alessandro Vélez.
—Buenos días… —respondió sabiendo lo que venía a continuación.
Él apretó su agarre, la giró y la atrajo hacia su cuerpo, haciendo que ella pudiera verlo a la cara.
—Luces muy bella al despertar… Aunque debo reconocer que anoche necesitabas un buen baño… —Expresó como si ya todo estuviera solucionado.
Lina lo miró, cerró los ojos y no dijo mucho, al menos no lo diría en ese momento.
—Debo levantarme, es hora de prepararme para ir a la oficina. ¿Tienes guardia hoy?
—Sí, comienza a las 3:00 pm y salgo hasta el miércoles a esa misma hora, ¿por? ¿Quieres que venga a verte saliendo?
Lina se levantó, no se preocupó por cubrir su cuerpo desnudo, no vio la necesidad y simplemente no quiso hacerlo. Ella pudo sentir la mirada de él sobre todo su cuerpo; bien podía observar las marcas que había dejado y se sintió tranquilo; ella, finalmente, sí lo había perdonado.
—Solo preguntaba… —dijo al tiempo que abría la llave de la regadera.
—Adelina, ven aquí… —dijo el hombre señalando la cama juguetonamente.
—Alessandro, debo alistarme para ir a la oficina, no tengo tiempo para jugar, así que, bueno, creo que sería bueno que te levantes, te vistas y te vayas.
—¿Cómo? ¿Acaso no puedo darme un baño contigo?
—Puedes, pero no debes… Yo tengo el tiempo justo y sé muy bien que si entras, no precisamente será un baño. Lo siento, Alessandro, pero nuestro tiempo se terminó; te regalé la noche, quise pasar un rato contigo, pero… Es momento de que te levantes y te vayas, por favor.
—Adelina… —¿Qué sucede? —preguntó el hombre un tanto incrédulo.


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