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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 96

Capítulo 96: Eso y más tenía con Marina

—¿Papá? ¿A dónde vamos? —¿Por qué nos movemos de lugar? —preguntaba Renata un tanto intrigada, pues ya se había acostumbrado a no tener que ordenar su habitación.

—Nos vamos a casa... Apenas mencionó Esteban.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Cómo? ¡No! —¿Por qué me llevas con mamá? —reaccionó sorprendida la niña.

—No vamos con mamá... —Suspiró el hombre.

Vamos a mi casa, nos vamos al penthouse, no podemos vivir toda la vida aquí.

— —¡Oh! ¿Vamos a vivir con la señorita Huesca? — sonrió la niña alegremente.

—¡Es correcto! Yo estoy muy ocupado y no puedo cuidarte como se debe. En los próximos días, ella cuidará de ti, así que pórtate bien y no le des problemas.

Renata sonrió; ella admiraba mucho a Lorena, pues se le hacía una mujer muy elegante y bella.

Admiraba el cómo vestía y se maquillaba; imaginaba que cuando creciera quería verse de igual de hermosa que ella.

Ella imaginaba que toda su vida, Lorena había vivido en la ciudad y por esa razón, ella conocía el mundo. Si la comparaba con su madre, obviamente, Marina salía perdiendo, puesto que, ella, aun viviendo ahí, no parecía encajar; al contrario, ella siempre recordaba con mucha nostalgia al pueblo de donde venía.

En ocasiones, cosas simples le hacían recordarlo: la tierra mojada, los caracoles, las flores silvestres que se colaban en el jardín, cosa que su padre inmediatamente mandaba a quitar, pues no le gustaba que invadieran a las flores ahí plantadas; incluso hasta las mariposas que solían llegar cada noviembre le daban recuerdos de su pueblo.

—¡Me cae muy bien la señorita Huesca! ¡Nos llevaremos estupendo! ¡Ella será una muy buena mamá!

—¡Renata! —pronunció el hombre con molestia.

—¿Qué? ¿Dije algo malo? —preguntó la niña inocentemente.

—Hija... —dijo Esteban poniéndose en cuclillas.

Debes entender una cosa... Hmm... Lorena no es tu madre, ella es mi pareja, pero ella jamás, óyelo bien, jamás vendrá a suplir a tu madre y eso no debes entenderlo.

—Pero... Si te casas con ella, ella se volvería nuestra nueva mamá, ¿no es así?

—Hmm... No, y creo que ya estás lo suficientemente grande como para entender que tu madre es tu madre y sabes bien por qué.

—No, jexplícamelo!

—Renata, no creo estar tratando con una tonta, ¿O sí?

—Dime, ¿por qué la señorita Huesca no podría ser mi madre?

—Porque llevas la sangre de tu madre, por el simple hecho de que tú vienes de tu madre, eres carne de tu madre y eso jamás lo podrás cambiar. En todo caso, si me llego a casar con Lorena, ella se convertiría en tu madrastra o algo por el estilo, pero jamás tu madre, ¿entendido? —explicó el hombre con la mayor paciencia que encontró.

Esteban no sabía por qué, pero esta era la primera vez que escuchar lo que su hija decía sobre Lorena y Marina le molestaba.

En medio año habían ocurrido muchas cosas y claro que no iba a negar que seis meses habían sido una locura.

Él y Lorena habían dejado salir todo lo que habían reprimido en mucho tiempo, pues ya no debían ocultarse de nadie, pero tampoco podía ser ciego y tampoco era de palo; el hecho de casi perder a Marina le había dolido, claro que sí, no lo externaba, pero le había planteado varias preguntas que no sabía cómo responder.

Tras un largo camino, Esteban junto a Renata llegaron al penthouse que en varias ocasiones ya la niña había visitado. En esta ocasión, la mujer la recibió con una sonrisa nerviosa, no iba vestida como siempre, hoy llevaba ropa deportiva, sobria pero no tan elegante como siempre, usaba zapatos deportivos en lugar de zapatillas altas.

—¡Hola, Renata! —dijo Lorena con una sonrisa que no les llegaba a los ojos.

—¡Hola, señorita Lorena! ¿Cómo está?

—Bien, muy bien, me da gusto que estés aquí... Se esforzó en decir aquellas palabras.

—Señorita Huesca, mi padre me dijo que, de ahora en adelante, usted me cuidará, me ayudará a las tareas, me llevará al colegio; ahora sí, será como mi mamá. —dijo la niña con gran ilusión.

—¿Cómo? —preguntó Lorena con la mirada llena de pánico.

—¡Efectivamente! Tú ahora no tienes trabajo y yo, con la nueva administración, no puedo darme el lujo de llegar tarde o faltar al trabajo. El nuevo CEO ya amonestó incluso al CFO por azotarle la puerta, ¿crees que se va a tentar la mano para amonestarme a mí?

—Pe... Pero yo no sé mucho de estas cosas... ¿Qué se supone que voy a hacer?

—No se preocupe, señorita Huesca, yo le diré qué debe hacer; ahora será como mamá. ¡Perdón!

¡Perdón, papá! —¡Será como mi madrastra!—dijo la niña ignorando el cúmulo de emociones que eso desataría.

Lorena escuchó aquello y, honestamente, sintió que la ira se regaba por todo su ser; aunque trató de fingir la mejor de las sonrisas, por dentro se trataba de calmar. ¡Tranquila, Lorena! ¡Tranquila! Esta escuincla no debe ser difícil de tratar; esta escuincla te mantendrá aquí mientras todo se calma, se repetía, pues era eso o regresar al pueblo y definitivamente eso no era para nada una opción.

—¿Papá?

Capítulo 96: Eso y más tenía con Marina 1

Capítulo 96: Eso y más tenía con Marina 2

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