Una captura de pantalla de Instagram apareció a la vista.
Benjamín frunció el ceño con evidente disgusto. Acto seguido, giró el volante y se dirigió al complejo residencial donde vivía Magdalena.
La niñera estaba jugando con Alberto.
Al ver llegar a Benjamín, el pequeño se alegró muchísimo.
—¡Tío!
Corrió hacia él y Benjamín lo levantó en brazos de inmediato.
—¿Quieres ir a pasear con tu tío? —le preguntó Benjamín.
—¡Sí!
Al escuchar eso, Alberto se emocionó tanto que le rodeó el cuello con los brazos, con los ojos brillando de alegría.
Benjamín se dio la vuelta para llevarse al niño.
Al ver esto, la niñera preguntó por instinto:
—Señor Benjamín, ¿adónde lleva al niño?
—¿Acaso crees que lo voy a vender? —respondió él.
La niñera puso cara de vergüenza.
—No, no quise decir eso.
Benjamín apartó la mirada con frialdad y se marchó sin decir más.
La niñera dudó un momento antes de informarle de la situación a Magdalena.
El coche se dirigió directamente al corporativo del Grupo Gutiérrez.
Benjamín subió a la oficina de presidencia con Alberto en brazos. Durante todo el trayecto, el pequeño miraba a todas partes con gran curiosidad.
—¿Te gusta este lugar? —le preguntó Benjamín, mirándolo.
—Sí, me gusta —asintió Alberto. Luego, miró a Benjamín y añadió—: Pero me gusta más estar con mi tío.
Benjamín esbozó una leve sonrisa. Le ordenó a Valentín que comprara botanas y juguetes, y entró a la oficina con el pequeño en brazos.
Se hizo un momento de silencio.
Al enterarse de la noticia, Magdalena palideció al instante. Dejó el trabajo a medias y llamó a Benjamín desesperada.
Sin embargo, después de varios intentos, él no le contestó.
Presa del pánico, fue directamente con el supervisor para pedirle permiso de salir.

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