Mauro no le dio tregua, agarró la silla más cercana y se la estrelló en el cuerpo.
El tipo que tenía sometida a Josefina la soltó de inmediato. Ambos agresores se le fueron encima a Mauro, tirándolo al piso para agarrarlo a golpes.
—¡Para que aprendas a no meterte en donde no te llaman, cabrón!
—¡Te voy a partir toda tu madre!
Los insultos resonaban mientras lo pateaban en el suelo.
Aprovechando el caos, Josefina se levantó a duras penas. Llegó a la puerta a tropezones, pero justo cuando estaba a punto de girar la perilla, la hoja se abrió de golpe desde afuera.
La figura alta y espigada de Benjamín apareció en el umbral. Josefina se quedó paralizada una fracción de segundo, pero enseguida reaccionó, agarrándose de su brazo con desesperación.
—¡Agárralos! Se me echaron encima... —logró articular.
Tenía las mejillas arrebatadas de calor, el cabello completamente enmarañado y la blusa toda arrugada por los jaloneos.
Adentro del reservado todo era un verdadero desmadre.
Benjamín solo necesitó darle un rápido vistazo a la escena para entender la situación. Agarró a Josefina por los hombros y se la pasó a Cristóbal, que estaba parado a sus espaldas.
Acto seguido, dio un paso hacia el interior y cerró la puerta de un golpe.
Segundos después, empezaron a escucharse los gritos y quejidos de dolor que venían desde adentro.
Cristóbal sintió que le temblaba el párpado al escuchar los madrazos.
—Ya tenía muchísimo rato que Benjamín no se emputaba de esta manera —murmuró.
Josefina estaba tan mareada que apenas se sostenía en pie, pero todavía tenía presente que su jefe seguía ahí adentro. Trató de acercarse a golpear la puerta.
—No... que no le vaya a pegar al señor Mauro.
Cristóbal la sujetó por los brazos para que no se cayera.
—Olvídalo, Josefina, tú no te metas. Mejor vámonos ahorita mismo al hospital.
—No... no podemos...
Josefina tenía pánico de que, con el coraje que traía, Benjamín terminara madreando también a Mauro.
Los insultos y berridos del principio se convirtieron en suplicas desesperadas. Todo el asunto se resolvió en cuestión de escasos minutos.
Cuando la puerta se abrió de nuevo, Benjamín salió emanando una vibra pesada e intimidante. Su mirada estaba cargada de una furia difícil de describir y su respiración era ligeramente agitada.
Atrás de él, se veían los cuerpos de los dos tipos, destrozados a golpes e incapaces de levantarse del suelo.
Mauro no estaba en mejores condiciones. Seguía tirado en el piso, todavía en shock por la golpiza que acababa de presenciar.
Josefina intentó dar un paso para acercarse a ver cómo estaba Mauro.
Sin embargo, en el siguiente parpadeo, sintió unos brazos fuertes levantarla en el aire, llevándosela a zancadas hacia la salida del restaurante.
—Llama a la policía.

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