Teresa no dijo ni una palabra, simplemente lo contempló con una mirada bastante compleja.
—¡Por el amor de Dios, es la viuda de mi hermano!
Benjamín se enderezó de golpe en el sillón. En su rostro atractivo se reflejaba una expresión terriblemente sombría.
—Ella me malinterpreta... ¿y me van a decir que ustedes también?
Teresa dejó escapar un suspiro y trató de explicarle:
—Benjamín, yo sé que tú no tienes malas intenciones, pero no podemos meter las manos al fuego por las intenciones de ciertas personas. Se ven tan seguido que, en una de esas...
—Ni al caso.
El joven la cortó en seco, con el rostro endurecido.
—Mi cuñada amaba con toda su alma a Diego; yo vi con mis propios ojos lo enamorados que estaban. Así que es una idea ridícula.
Al escuchar su firmeza, la actitud de Teresa también se volvió mucho más gélida.
—Entonces, tanto darle vueltas al asunto para acabar en lo mismo: ¿no piensas correr a Magdalena?
Las gruesas cejas del joven se fruncieron aún más. Mantuvo la vista en el suelo un buen rato, hasta que al final logró articular:
—Déjame pensarlo.
Teresa asintió secamente.
—Va. Piénsalo con calma. Nomás te aviso que cuando por fin te decidas, tu esposa ya va a estar muy lejos de aquí.
Sin más, se levantó del sofá y enfiló hacia las escaleras.
Benjamín apoyó un codo en el reposabrazos, masajeándose el puente de la nariz. Su entrecejo denotaba una pesada nube de frustración.
***
Gracias a que se atendió a tiempo la noche anterior, Josefina amaneció sin un solo síntoma de resfriado. Su voz seguía tan limpia y melodiosa como siempre. Se preparó un vaso de agua con miel, se desayunó algo rápido y arrancó rumbo al trabajo.
Como su coche seguía en el taller, le iba a tocar moverse en auto de aplicación por unos días.
Al llegar a las oficinas y toparse de frente con Magdalena acomodada en su escritorio, a Josefina se le frunció el ceño de inmediato.
¿Acaso la plática entre Teresa y Benjamín había fracasado?
¿Eso significaba que se iba a tener que chutar a Magdalena bajo el mismo techo por tiempo indefinido?
Qué pesadilla.
Por fortuna, el ritmo del día resultó ser bastante movido y no le dejó mucho tiempo para pensar en otra cosa.
El día anterior lo había dedicado a empaparse del guion y del material original, así que hoy mismo Rodrigo armó una junta general para dar el banderazo de salida a las grabaciones.
Josefina se pasó casi todo el día encerrada en la cabina de doblaje. Al terminar y salir al pasillo, Rodrigo todavía venía a su lado, dándole retroalimentación sobre algunas entonaciones y escenas por pulir.
Ella venía tan concentrada asimilando las indicaciones que no prestaba la menor atención a su entorno.
De repente, Rodrigo se quedó callado en seco. Ella levantó la vista y notó que, a unos cuantos metros, Benjamín estaba plantado en medio del pasillo. Con su porte impecable y su rostro deslumbrante, estaba metido en una plática con Magdalena.
En cuanto Magdalena notó la mirada de Josefina, soltó una sonrisa y comentó:
La respuesta generó un silencio sepulcral.
Benjamín le dirigió una mirada entre frustrada e incrédula y soltó:
—Jose, ¿podemos ser realistas, por favor?
Ella terminó de arreglar su lugar, agarró su bolsa y se giró para encararlo.
—Si de verdad quieres que seamos realistas, entonces lárgate de mi vista, porque con solo verte me pones de malas.
Esa frase fue el detonante. Benjamín entrecerró los ojos en una clara advertencia y, sin dudarlo, dio un paso al frente para sujetarla bruscamente por la nuca.
Josefina dio un respingo de terror.
—¡¿Qué te pasa?!
En la oficina aún quedaba algo de personal, y todos se quedaron boquiabiertos ante la escena, listos para el chisme.
Él clavó sus ojos en ella y siseó:
—Vuelve a repetirme eso en la cara.
Su rostro reflejaba una furia gélida, al punto de que parecía que en cualquier instante iba a perder la cordura.
Josefina trató de tranquilizarse, empujó con fuerza la mano del hombre para soltarse del agarre y exigió:
—A ver, ¿a qué viniste a buscarme exactamente?

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