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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 85

Aquella mano, cuya piel denotaba unas finas asperezas, comenzó a recorrer la piel suave a los costados de su cintura. Con tan solo sentir ese roce, a Josefina se le estremeció el cuerpo de forma violenta.

Comenzó a retorcerse con el doble de intensidad.

Sin embargo, el diminuto espacio del asiento del copiloto jugaba en su contra. Además, él la cubría de lleno con su complexión corpulenta, ahogando cualquier escapatoria y dejándola con las reservas de energía por los suelos.

Al cabo de unos instantes, la chica ya tenía los labios entumecidos. En el fondo de sus ojos se concentraba un evidente resentimiento mezclado con una neblina de rubor.

Una vez que la notó mucho más rendida, los besos bruscos de Benjamín fueron mutando a unas caricias más pausadas y dulces. Él susurró con voz entrecortada:

—Regresemos a vivir a Residencial Valle Niebla y empecemos de cero, ¿te parece?

Los ojos de la joven temblaron ligeramente; se le habían humedecido por completo, pero por puro orgullo, evitó que resbalara la primera lágrima.

Le soltó una respuesta contundente:

—Sale, me parece bien.

Un espasmo de sorpresa le recorrió a él la espalda. Pero la alegría ni siquiera le duró un segundo porque ella remató de golpe:

—Nada más que de ahora en adelante tienes prohibido ir a ver a Alberto y cero acercamientos con Magdalena. Si ella está presente, tú te das la media vuelta y te largas.

Las espesas cejas de Benjamín se juntaron en el centro de la frente y contestó:

—Alberto es el único hijo que dejó mi hermano; me tocó verlo nacer y crecer paso a paso...

El sonido de una bofetada resonó en el interior del auto.

No fue un golpe contundente, ya que a Josefina se le había acabado la fuerza forcejeando apenas unos minutos atrás.

Pero el coraje seguía ardiendo intacto.

—¡Y todavía te atreves a sacar el tema!

La mirada de la joven soltaba dagas en cada parpadeo.

—¡A ver, Benjamín, no necesito que me andes recalcando a cada segundo que jamás brillaste por tu ausencia desde que ella se embarazó hasta el momento en que dio a luz!

—Estás malinterpretando todo.

El hombre se presionó el interior de la mejilla con la lengua, intentando frenar su propio arranque de ira.

—¡Todo se trata de Alberto! Fuera de ti, ¡yo jamás le he echado el ojo a otra mujer en la vida!

—Pues fíjate que yo ya no te quiero.

A Josefina el pecho le subía y le bajaba por la agitación.

—El que traiciona una vez, traiciona siempre. Te perdiste mi confianza y ahí murió el asunto.

—Yo no te fui infiel.

—A lo mejor, pero con tu listita de acciones no hay ni un solo ser humano que crea que eres inocente ni que tus intenciones con Magdalena sean puras.

Josefina lo miró con evidente burla y continuó:

—¿Te cuento algo? Cuando nos agarramos con lo del divorcio, mis propios padres juraban que lo mejor era que tú y Magdalena se quedaran juntos. Al fin y al cabo, tratas a Alberto como si fuera de tu propia sangre, y así llenas a la perfección el hueco de que le falte un papá.

Benjamín palideció de inmediato y su rostro se tornó amenazante; irradiaba un aura gélida.

Capítulo 85 1

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