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La noche que te convertiste en la madre de mis hijos. romance Capítulo 10

Norman.

Había días que estas reuniones de accionista me aburrían, sobre todo porque sabía que en casa me estaba esperando mi mujer y mis hijos. Esto era una pérdida de tiempo, las empresas no podían ir mejor, y yo tenía ahora mismo una misión más importante que cumplir, que hablar de los beneficios del último año. Sobre todo, porque la mayoría de los accionistas que me rodeaban eran minoritarios, comparados con el capital y las acciones que yo poseía. Perfectamente se podía haber realizado un informe donde estos avariciosos, pudieran percatarse de las ganancias, que mi trabajo, les había hecho ganar. Yo, por otro lado, podría estar intentando convencer a Yvaine, para que lo más pronto posible, legalizáramos nuestra situación, y se convirtiera en mi esposa.

Mientras miraba a la pantalla, dónde el jefe del departamento de marketing nos ponía al día de los avances que se habían realizado, en los distintos programas en funcionamiento para la promoción de los productos ofrecidos por Miller Technology, vibró mi teléfono, que se encontraba encima de la mesa. Al mirarlo, sentí una alegría al comprobar que era un mensaje de Yvaine, así que decidí leerlo. Creo que no fue buena idea en ese momento, porque mientras lo leía, la tensión y el deseo se apoderaron de mí. Esta mujer me iba a matar.

-” Se solicita, a la mayor brevedad posible, para tratar temas de su interés, que afectan tanto a sus hijos, como a la mujer, que, si llegan a buen término las negociaciones, dormirá con usted el resto de su vida. Cabe la salvedad, que no sólo lo hará para dormir. Para cumplir con los términos, y que hoy quede resuelto el tema del apellido que se le adjudicará a una de las partes, acudirá en los siguientes veinte minutos, tras recibir esta notificación, con la documentación necesaria, a la cafetería frente al registro civil, dejándole claro, que si las negociaciones transcurren en los acuerdos que ambas partes han acordado, lógicamente sacando yo mayor beneficio de las negociaciones, se procederá, al terminar las mismas, a la firma y entrega de documentación, donde quede definido en el registro. Si en veinte minutos, el señor Norman Miller no se presenta, se entenderá por parte de la señorita Yvaine Stewart, que no está de acuerdo con el inicio de la negociación, y se romperá el trato, volviéndose la última parte, junto a sus hijos, a Los Ángeles. Estás tardando guapo, o vienes, o me voy. Un beso donde quieras, tu posible futura esposa”-. Me levanté brusca y rápidamente, haciendo que la silla donde estaba sentado se estrellara contra la pared, Jason mi asistente me miró, y entregándole el móvil para que leyera el mensaje, le dije:

-” Cancela la reunión, mis documentos y el coche en cinco minutos, qué digo en cinco, en dos. Nos vemos en el garaje, y Jason, si hay tráfico, me consigues el helicóptero, lo que sea, pero antes de veinte minutos, me estoy sentando con mi mujer a negociar, y cinco minutos después, me estoy casando. ¡Arréglalo!”- salí del despacho dejándolo a todo sorprendidos y callados.

Me dirigí al ascensor privado que me llevaba directamente a mi despacho, allí me cambié rápidamente, ya que no pensaba casarme con el traje gris de corte diplomático que usaba para la oficina. Elegí un traje ejecutivo azul oscuro de Armani, que siempre tenía guardado en el guardarropa de mi despacho. Un par de minutos después estaba ya en el garaje, no me sorprendió encontrarme rodeado de dos coches de mi equipo de seguridad de Miller Segurity, junto a mi Audi último modelo. El que ellos me escoltaran hasta mi cita con Yvaine, me facilitaría poder llegar lo antes posible junto a mi futura esposa. Además, después de casarnos, cosa que pensaba hacer desde que pusiera mis ojos en ella, Ynaine, junto con los niños, pasarían a estar bajo la protección del servicio de seguridad de Miller Holding, como dueña y señora de todos mis bienes, no sólo por ser la madre de mis hijos, sino por ser la única mujer que deseo proteger.

En cuanto a las dificultades que me pusiera me daban igual. Yo me iba a salir con la mía, esta negociación era un mero trámite, sólo servía para darle la sensación de que ella controlaba la situación. Nada en la vida se me había resistido, y aunque Yvaine, casi acaba con mi paciencia, cuando desapareció todo un año, ahora que ya la había recuperado, no pensaba dejarla escapar, ni a ella, ni a mis hijos.

Llegamos al punto de encuentro en tiempo récord, solo faltaban tres minutos para cumplir con el horario que se me había requerido. Nada más entrar en el restaurante, la localicé en una de las mesas más apartadas. Estaba guapísima, la luminosidad que entraba por la ventana, la hacía resplandecer, como si tuviera luz propia. Tenía el pelo recogido, aunque algunos mechones rebeldes le caían acariciándole la mejilla, me cosquilleo la mano de las ganas que tenía de recogerlos detrás de su oreja. Siempre había dicho, que toda mujer vestida con ropa de exclusiva, la hacía destacar, en el caso de mi mujer, era ella que adornaba la ropa que llevaba. Podía ir vestida, con un saco, y seguiría siendo bella. Hubiera sido una modelo muy cotizada, si se hubiera dedicado a ello, y eso pese haber traído a la vida a mis mellizos.

Cuando se dio cuenta que había llegado, me miró y sonrió, y si esta negociación tuviera la importancia que tenía, en ese momento la habría cogido en brazos, para llevarla a cualquier sitio, donde hubiera devorado hasta la última de sus sonrisas.

Respiré profundo, y me centré en mi cometido. Esta era una de las negociaciones más importantes de mi vida y no pensaba perderla, de ella dependía la vida de mis hijos y mi felicidad, ya que entendía que la mujer que estaba enfrente a mí sería la responsable de acompañarme el resto de mi vida.

-” Buenos días, señor Miller, veo que cuando nuestro futuro está en juego, es puntual, aunque no esperaba menos del CEO de Miller Holding. La verdad es que tengo que reconocer que me ha sorprendido. Espero que esté preparado para estas duras negociaciones. Porque de antemano le aviso no daré el brazo a torcer, quiero algo y lo conseguiré. Así que espero que lleguemos a acuerdos que nos beneficien a los dos”- me dijo cuando me senté frente a ella.

-” En eso señorita Stewart, soy de acuerdo, también tengo intereses muy profundos en estas negociaciones. Espero que haya venido preparada ya que en el terreno de los negocios y acuerdos soy un experto. Ahora mismo se encuentra en mi terreno, y en él soy el mejor. Además, cuanto más motivado estoy, doy lo mejor de mí. Y con tal de tenerte en mi cama esta noche, voy a hacer el mayor de mis esfuerzos.”- Le dije sonriendo.

Tuve que aguantarme una carcajada, cuando vi como su mirada se dirigía a mis labios y no pudo evitar una expresión de deseo. Mi mujer no era indiferente a mí, lo sabía tan solo con observar su mirada inocente y las expresiones que reflejaba su cara que describía todos los sentimientos y sensaciones que le estaban provocando mis palabras, mi voz y mi cuerpo. Como buen hombre de negocios cualquier ventaja e información que recibiera de la otra parte la iba a utilizar. Observe cómo tragaba saliva, y movía la cabeza levemente como intentando quitarse los pensamientos que en ese momento pasaban por su mente. Y no pude evitar sonreír de suficiencia.

-” Esto será pan comido”- me dije, miré mi reloj ya que sabía que el registro civil cerraba a las dos, y tengo que hacer firmar a Yvaine, nuestro registro matrimonial, lo antes posible, para poder presentarlo a tiempo. Eran las doce y media. Debía acabar lo más rápido posible, así que respiré hondo, y comencé a atacar para ver cómo se defendía, en media hora la tendría firmando, y horas después estaría en mi cama, todo saldría redondo.

Yvaine.

Tenía que controlarme, no podía dejar que me afectara lo que Norman me hacía sentir. Me jugaba mucho en esto. En ese momento recordé las frases que me dijo el abuelo antes de salir de mi cuarto:

-” Tú tienes algo que quieres, y en él tiene algo que quiere. Sabes lo que desea él, pero, al contrario, él no sabe lo que deseas tú. Utilízalo.”- tenía que centrarme en esa basa para conseguir que Norman mantuviera nuestro matrimonio en secreto por un tiempo, al menos hasta que yo me hiciera un nombre como diseñadora.

-” A ver señorita Stewart, ¿qué es lo que te propone?, ¿qué es lo que busca?, ¿qué peticiones? Creo que no hay nada que te pueda negar, siempre que hoy mismo, tu nombre este escrito junto al mío, en el Registro Civil, en un acta de matrimonio.”- me preguntó Norman yendo directo a grano.

-” Deseo trabajar, no quiero que me mantengas”- le dije muy seria.

-” Perfecto, elige la dirección de cualquier empresa del grupo, y como mi esposa, podrás dirigirla, siempre asesorada por su gerente, no veo cual es el problema, Además si no quieres trabajar, puedes cuidar a los mellizos, Tu trabajo será ser la esposa y madre de la familia Miller”- Negué con la cabeza, eso era lo que nunca querría hacer, ese había sido el papel de mi tía, en un matrimonio fracasado desde el principio, y yo no soy una esposa “florero”.

-” ¡No me has entendido!”- le reproche molesta -” No deseo ser una esposa de alta sociedad, además, ya tengo trabajo y.…”- Norman me interrumpió enfadado, su cara reflejaba una expresión rígida y fría, aunque controlada.

-” ¿No dijiste que habías renunciado a tu trabajo en Los Ángeles?, ¿Es que piensas irte...?”- esta vez lo interrumpí yo, con una expresión seria.

-” Esta mañana pase una entrevista con el máximo responsable del grupo Miller, para un puesto de diseñadora para Miller Designe”- le solté de golpe. La cara de incredulidad de Norman era casi cómica, casi me hace sonreír.

-” El máximo responsable del grupo Miller soy...”- una expresión de compresión ilumino la faz del padre de mis hijos-” El abuelo, claro cómo no”- dijo susurrando.

-” El tema es presidente Miller, que no deseo que, por ahora, nadie sepa que estoy casada con el presidente, deseo ser reconocida por mi trabajo.”- continue, mientras observaba a Norman, para saber su reacción a la noticia, pero no puede identificar nada, el CEO de Miller Holding, era una máscara de seguridad y frialdad. No por nada en el mundo de los negocios lo apodaban La Pantera de Nueva York. Comenzaba a ponerme nerviosa mientras el me miraba en silencio, tenía la sensación de que en cualquier momento saltaría sobre mí, y me daría un zarpazo.

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