Entrar Via

La noche que te convertiste en la madre de mis hijos. romance Capítulo 33

Norman.

Comencé a levantarme de mi asiento. Cuando llegó apresurado mi asistente y amigo.

-” Señor al parecer debemos ir a recoger a nuestras mujeres, según los escoltas de la señora Miller, están en un bar de moda, bastante bebidas, y no desean abandonarlo.”- me dijo Jason sonriendo.

-” ¡Vaya Alicia, al parecer te gusta ser traviesa! Veremos lo traviesa que te vuelves cuando te castigue esta noche, en mi cama, por ser tan provocadora. ¡Me haces ir a buscarte a estas horas de la noche!, estas más que castigada.”- pensé sonriendo.

Sabía que, si era por Yvaine, iría al mismo infierno, a buscarla si el demonio se atrevía a llevársela, y lo haría únicamente, para traerla a mi lado.

Me dirigí a mi coche seguido por mi asistente y mis guardaespaldas, con una sonrisa que no se borraba de mis labios. La vida al lado de Yvaine Stewart, ahora Yvaine Miller, siempre era divertida.

Kimberly.

Sentía que me iba a estallar la cabeza, y esa claridad, que se colaba entre mis parpados cerrados, no ayudaba mucho. Reconocí los síntomas de una resaca al instante, y esta era de las malas. Había tenido algunas antes de ser modelo, en mi época loca de la universidad. Mientras estudia la carrera de diseño textil, cuando me pagaba mis estudios universitarios, con pequeños trabajos de modelaje, antes de ser descubierta por un diseñador de renombre, que me hizo su musa hasta el día de hoy, solía asistir a esas fiestas ridículas de los niñatos de las fraternidades en el campus.

Finalmente, y con fuerza de voluntad, me obligue a abrir los ojos para descubrir que no sabía dónde me encontraba. Lo primero que hice, como hacemos todas las mujeres en estamos en estas situaciones, fue mirar si llevaba puesta mi ropa, al descubrir que tenía una enorme camisa de botones de hombre de color blanco, en vez del vestido negro e incómodo que llevaba anoche, y ni siquiera llevaba puesta mi ropa interior, me levanté bruscamente, para ver si había cometido una estupidez, como perder mi virginidad con un desconocido.

Toque mi cuerpo y lo revise en el espejo que había sobre el tocador de la desconocida habitación. Las únicas marcas que tenía eran las que el pervertido asistente, me había dejado en el cuello, que trascurrido un tiempo desde que me las hizo, poco a poco, comenzaban a desaparecer. No sentía, ni el cuerpo magullado, ni dolorido, no tenía marcas ni moratones, que era lo que se esperaba, después de tu primera vez. Esto me tranquilizó, pero algo pasó por mi cabeza, que volvió a inquietarme.

-" ¿Quién me había desnudado, entonces?, y lo que es más importante, ¿dónde estoy?"- pensé.

Pronto mis dudas fueron acalladas, cuando de una de las puertas que había en la habitación se abrió, de ella salió un dios griego sin camisa en pantalón corto. Caminaba hacia mí mientras se secaba el pelo, tras haber tomado una ducha. Estaba tan impactada con esa aparición, que me pareció que se dirigía a mí, como en cámara lenta.

Tuve la sensación de que el tiempo se detenía, perdí la voz y hasta la coordinación entre mi cabeza y mi cuerpo. Sentí como esa parte de mujer, que yo desconocía, se despertaba. Mi imaginación se desató, mientras veía como las gotas de agua, que caían de su pelo, recorría su torso hasta perderse en la cinturilla del pantalón. Ni me daba cuenta que me había abrazado a una almohada, mientras mis manos se cerraban sobre ella con fuerza. Sólo me centraba en devorar con mis ojos, cada musculo que se marcaba en su cuerpo, mientras bebía, en mi imaginación las gotas de agua que recorrían su cuerpo.

-" Si esto es lo que te va a pasar, cada mañana, cuando salga de la ducha, cuando nos casemos, Sirena, tendré problemas, voy a llegar todos los días tarde al trabajo. Tus gemidos de deseo, me lo están poniendo difícil, futura señora Blake"- Me dijo ese dios de ojos azules, trayéndome a la realidad. Ni me había dado cuenta, que, de mis labios entreabiertos, salían gemidos de deseo e impaciencia.

Me sentí descubierta, y antes de quedar aún más en evidencia, después de devorar con los ojos al asistente pervertido Jason Blake, preferí atacar, antes de ser la víctima.

-" Espero que tengas una explicación que justifique, que yo me encuentre en... ¿tu casa?, supongo, por desde luego no es la mía. Durmiendo en tu cama, y sobre todo quiero saber si fuiste tú, quien me desnudo y me puso esta camisa."- le dije tirando la almohada sobre la cama, con una exhibición de rabia mal contenida, que me ayudara a apagar el fuego que ese hombre despertaba en mi interior.

-" Nunca defraudas ¿verdad, sirena?... combativa hasta el final. A todas tus preguntas, la respuesta es sí. Estas en mi casa, desde luego esa es mi cama, aunque para que no te hagas ilusiones, hemos dormido separados, yo lo he hecho en la habitación de invitados. Y desde luego que fui yo quien te desnudé y te cambié de ropa, creo que después de lo que hicimos anoche, no tienes nada que ocultarme, además no quiero que nadie te vea desnuda, excepto yo claro está."- El grito de frustración que salió de mis labios, no pude evitarlo, ni quise evitarlo. Agarré todo lo que tenía en a mano, almohadas, cojines... y comencé a tirárselos a la cabeza, al descarado asistente.

-" ¡Maldito seas, Jason Blake!, yo no te pertenezco, mi cuerpo es sólo mío. ¡Idiota! ... ¡Ah! te mataría ahora mismo."- le dije alterada mientras le arrojaba las almohadas o todo lo que se me ponía mano.

Pero el muy desgraciado, esquivaba con mucha facilidad y sin esfuerzo, todo lo que le arrojaba, mientras se aproximaba a mí a gran velocidad. Finalmente, cogiéndome por la cintura, me sujetó las manos arrebatándome el cogí que le iba a tirar en ese momento. Lo hizo con tanta fuerza que, terminamos derrumbándonos ambos sobre la cama, cayendo el sobre mí. Aprovechó para sujetarme las manos por encima de la cabeza e inmovilizándome con su cuerpo sobre la cama.

-" ¡Suéltame, pervertido!"- le dije, mientras notaba que todo su cuerpo se pegaba al mío. Fui consciente de que sus poderosas y musculosas piernas, se enganchaban en las mías para que no pudiera soltarme, evitando así ser pateado en algún punto vital de su cuerpo. Mientras, yo me intentaba soltar, retorciéndome bajo él. Esto, lógicamente. provoco que notara como su miembro crecía, pegado a mi bajo vientre, lo que demostraba que el maldito Jordan, no me era tan indiferente como me quería hacer creer.

No pude evitar mirarlo a los ojos, esos ojos azules como lagos profundos. La sensación de ahogarme en ellos, me inundó. Tuve que hacer un esfuerzo, para poder hablar, mientras el descarado del señor Blake, me mantenía inmovilizada sobre la cama, callado. Sólo me miraba a la cara, con una sonrisa pícara y provocadora en los labios. La única forma de no sentirme así, era no mirarlo, así que cerré los ojos.  

Y al fin las palabras salieron de mi boca.

-" ¿Me vas a soltar, pervertido?"- le dije nerviosa, comencé a darme cuenta de con los ojos cerrados, sin quererlo, era más consciente de su olor, de la cercanía de su aliento en mi piel, del rosé que ejercía cada parte de su cuerpo en el mío.

-" ¡Mala idea Kimberly!"- pensé mordiéndome los labios para aguantar la tortura.

-" Depende, de si corre peligro mi integridad física, al soltarte. Así que, antes de soltarte vamos a dejar claro algunos términos, guerrera. Primero, no fui yo la que nos vomitó encima a los dos, mientras te la llevara a mi coche, mientras te cargada en mi hombro. Segundo, te tuve que atar las manos, porque estabas obsesionada con cierta parte de mi cuerpo, espero que puedas recordarlo. La verdad, fue muy embarazosa la situación, verte, cómo delate de mi jefe y tu amiga, comenzaste a quejarte porque que querías ser la dueña de "mi culito". ¿No sabe controlarse, señorita Peterson, cuando esta ebria?, si es así, te prohíbo que te emborraches, cuando yo no este delante, eres muy peligrosa."-

A medida que Jason iba relatando lo que, según él, había pasado, imágenes de una desvergonzada Kimberly, totalmente borracha agarrando el duro y atractivo trasero del asistente, mientras se proclamaba su dueña y señora, vinieron a mi mente. Esto había ocurrido, cuando al dejarme en su habitación, me tuvo que sujetar las manos, porque me dediqué a perseguirlo por toda la habitación, porque me apetecía morder "esas manzanas".

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La noche que te convertiste en la madre de mis hijos.