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La noche que te convertiste en la madre de mis hijos. romance Capítulo 34

Kimberly.

Por un segundo vi en los ojos de mi atractivo acompañante, que se sentía tentado, e incluso me di cuenta, que tuvo que agarrar con fuerza el sándwich que se llevaba a la boca, mientras que paralizado me miraba los ojos. Debía reconocer que tenía una fuerza de voluntad encomiable, porque ahora mismos con la mirada que este hombre me estaba dirigiendo, deseaba decirle que sí a todo. Pero en segundos esa expresión cambió y vi como con una sonrisa irónica se instalaba en los labios de mi adversario, y un brillo retador surgió en esos ojos de un maravilloso azul. Había decidido que quería plantearme batalla, y que no me sería tan fácil conseguirlo, si primero no me casaba con él. Al ver que la única reacción que recibía del tentador asistente, era esa sonrisa, decidí continuar desayunando mi manzana y mi café, sin mirarlo, así evitaba la tentación.

Sobre la mesa junto al mostrador había unos periódicos que llamaron mi atención, ya que vi en uno de ellos, una foto de Maryori y junto a su marido, no pude evitar cogerlo y al leer la noticia me quedé impactada.

Según la noticia, la empresa de la familia de Maryori, la empresa que su padre había heredado, estaba teniendo grandes pérdidas, debido a que se había descubierto, que, en algunos proyectos, se habían utilizado materiales baratos y de mala calidad.

Si esto se demostraban la empresa podría quebrar. Se había puesto en conocimiento de las autoridades, si la veracidad de las pruebas demostraba el fraude, la empresa podría terminar cerrando, ya que las indemnizaciones que tendría que pagar a los afectados, acabarían con su capital.

-" Justicia divina". Murmuré mientras dejaba de nuevo el periódico, sobre el mostrador, volví a dirigir mi atención hacia el atractivo hombre que se encontraba frente de mí, mientras tomaba un café y revisaba unos informes que tenía a su lado. Desde luego era un espectáculo verlo, seguro que si hubiese desempeñado la profesión de modelo sería uno de los más cotizados, y millones de mujeres le devorarían con los ojos.

No sé porque esa idea no me gustó, para acallar ese pensamiento decidí cogí el móvil, a ver si tenía algún mensaje de mi traidora amiga. Apenas lo había cogido y lo habia desbloqueado, éste comenzó a sonar, junto con el móvil de mi acompañante. Al leer en la pantalla, vi que era Yvaine.

Ambos nos miramos, y comprendí que acabamos de recibir cada uno, la llamaba de nuestro respectivo amigo, en el caso del asistente, era además su jefe. Sin decir nada, ni mirar quién era el que le llamaba, Jason se levantó, y salió de la cocina para atender la llamada.

yo descolgué el teléfono, mientras continuaba comiéndome la manzana y el café, mirando la puerta por donde ese tentador hombre había salido.

-" Este es el contestador automático de la modelo Kimberly Peterson. Sí es usted la amiga traidora que la abandonó a la primera de cambio, para correr detrás de los pantalones de su marido, dejé el mensaje y ver si alguna vez le contesta"- le dije imitando la voz metálica de dichas máquinas, la reacción de mi amiga no se hizo esperar, mientras estallaba en carcajadas, me dijo.

-" Kimberly déjate de tonterías, has visto las noticias, hay algo que no cuadra. Mis investigaciones no habían acabado, y ahora mismo la empresa de mi tía está a punto de quebrar, ¿no ves algo raro en todo esto?"- me dijo muy seria después de reírse.

Una vez que lo comento, me di cuenta que había muchos cabos sueltos en toda esta historia. Y sobre todo por lo que observé en la cara de Jason, cuando recibió la llamada de Norman Miller, el esposo de mi amiga.

Sabía que, al ser modelo, se escuchaban muchas cosas en las fiestas a las que asistía, donde iban muchos empresarios, en especial preste mucha atención a todo lo que tenía que ver con el actual marido de mi amiga, ya que en ese tiempo no estaban juntos, y Yvai me habia confesado que era el padre de mis ángeles adorados.

Habia oído en muchas ocasiones, que Norman Miller, era muy protector con su familia, se le conocía como "la pantera de Nueva York", y también recordé todo lo que me contó Yvaine, que le había hecho, a ella, en el pasado la familia de su tía, en especial Maryori.  

Esto añadido a lo que hizo, su prima, cuando llegamos ayer a la fiesta, quedaría justificadas las ideas me pasaban por mi mente. Dando luz al enigma, que planteaba, la rubia.

" ¿Qué ve de raro, señora Miller?, se ha casado con uno de los hombres más poderosos de Estados Unidos, y la familia Campbell, no ha tardado ni medio segundo, desde que pisaste Nueva York, y ellos se enteraron, en intentar desacreditar a su mujer. Lógicamente, sin saber que eres ahora, la señora Miller, dueña del grupo Miller, una de las mujeres más ricas de la ciudad, y del país. Sí si alguna vez lo saben, creo que ardería de rabia. A lo que iba, tu marido acaba de poner todas las cosas en su sitio. Entre ellas, vengarse de los que te hicieron daño."- no sé lo que pensó mi amiga al escuchar mis explicaciones, lo que sí quedó claro es que si alguna vez en alguna parte del cuerpo de Yvaine Miller, había una duda de que amaba a su marido, esa duda se disipó en el momento que supo lo que era capaz de hacer por hacerla respetar.

Prácticamente me dejó con la palabra en la boca, y me colgó, asegurándome que más tarde me llamaría.

Al ver que el asistente aún no llegaba, después de diez minutos, supe que aún estaba hablando con su jefe. En ese momento, decidí irme sin decirle nada. Rápidamente cogí mis cosas, le dejé el vestido, para que lo llevara a la tintorería, o lógicamente, si no se podía limpiar, tendría que pagárselo a mi maravillosa amiga. De lo que estaba segura, era, que nunca me lo iba a volver a poner, cada vez que lo veía, me recordaba a mi vomitando sobre la espalda del pervertido Jason, mientras él me cargaba en su hombro.

Cuando ya me encontré en la entrada del edificio, donde vivía mi tentador adversario, decidí dejarle una nota, que le entregaría al portero. La nota decía.

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