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La noche que te convertiste en la madre de mis hijos. romance Capítulo 8

Yvaine.

Estaba tan concentrada en mis pensamientos, que no me di cuenta, que Norman había terminado de ducharse y me observaba desde la puerta envuelto en un albornoz.

-” ¿Hay algo que está mal? Llevo observándote más de cinco minutos, y por las expresiones que veo en tu cara, veo que algo te disgusta”- me dijo haciéndome girar hacia el sorprendida.

-” No es nada, bueno sí, no sé... todo esto está pasando muy rápido, y aún no sé si estoy preparada”- de repente, me encontré soltando todas mis dudas y mis miedos en torrente, sin poder evitarlo, caminado de un lado a otro del vestidor, gesticulando y moviendo mis manos en señal de nerviosismo-” Sé que te debo una disculpa, debí quedarme y hablar contigo, pero como no supe nada de ti durante tres semanas, y la situación estaba siendo insostenible a mi alrededor, al descubrir que estaba embarazada me entro miedo, tenía miedo del que dirían, de cómo mantenerlos, de si me quitabas a los niños, aun lo tengo, así que decidí huir. Ahora pretendes que olvidemos todo, cuando prácticamente no nos conocemos, sólo de esa noche, y de repente quieres que me convierta en tu esposa. ¿Lo haces por los niños?, ¿no tienes a alguien que ames? No quiero ser una carga...”- de repente me sentí que me sujetaban del brazo y tiraban de mí. Me estrellé contra el torso semidesnudo de Norman.

-” Primero, como te dije esa noche, mucho antes el saber que habías engendrado a mis hijos, que me perteneces. En el momento, me suplicaste que te hiciera mía, y en el momento que descubrí que era el primero, sellaste nuestro futuro”- dijo abrazándome y levantándome el mentón para que sólo pudiera mirarlo a los ojos, las sensaciones que me embargaban siempre que estaba cerca de él, comenzaron a asaltarme en oleadas. -” Segundo, no me importa lo que digan, ni lo qué inventen, tú y mis hijos, son lo más importante, ya ajustare las cuentas de todos esos que te hicieron daño, lo van a pagar. Mientras tanto, creo que es hora que te recuerde a quien perteneces, y pongamos cada cosa en su sitio, y el tuyo, es en mi cama.”- sin más me besó con pasión, y tuve la sensación que era lo que estaba deseando, no quise parar, ni intenté evitar lo que iba pasar a continuación. Me alzo en sus brazos, y me llevo a la habitación depositándome en la cama.

-” Voy intentar ir despacio, preciosa, pero llevo mucho tiempo deseándote y esperando que regresaras a mí, así que no sé, si...”- me dijo besándome mientras me desnudaba.

Yo por mi parte ya había arrancado el cinturón que ataba el albornoz a su cuerpo y pude ver como esté se abría, dejado lo desnudo sobre mí. El gemido que se me escapó cuando sentí sus labios en mi cuello, me hizo darme cuenta que nada había cambiado, el mero roce de ese hombre me hacía perderme en el deseo.

Pronto, estuve desnuda y él obrando su magia en mi cuerpo. Sus labios recorrían mi cuello, mis pechos, mientras sus manos competían por ellos, yo me abrazaban a él y le mordía el hombro cuando no podía contenerme, deseaba devorarlo y acariciar todo su cuerpo.

Ese hombre era como aditivo para mis hormonas femeninas, que estaban en este momento, celebrando una fiesta, y Norman era el plato principal.

Sentí como sus manos bajaban por mis caderas y acariciaban mis glúteos y el interior de mis muslos, rondando esa zona que deseaba ser acariciada urgentemente, pero el sabedor de la tortura que me estaba causando, no me complacía. Un gemido de frustración salió de mis labios.

-” ¡Me estas torturando! “- le reproche retorciéndome debajo de él, buscando consuelo en esa zona, con cualquier parte de su cuerpo que la rozara, mientras, Norman devoraba mis pechos, para que mi deseo aumentara.

-” Ahora sabes lo que sentí yo todo este tiempo que no te tuve a mi lado, frustración y deseo no saciado”- me dijo al oído mientras me los mordía y rozaba su miembro en mi entrepierna para retirarse enseguida cuando yo comenzaba disfrutar de su contacto.

Mis gritos de frustración eran acallados por sus labios mientras me sujetaba de las manos para que no pudiera agárralo. Me estaba castigando, y lo peor era que disfrutaba con el castigo.

Cuando mis movimientos de caderas consiguieron que mi torturador no pudiera soportar que mi cuerpo se retorciera bajo él, note como su cuerpo se pegó a mi para inmovilizarme, pero yo aproveche para rodearle con mis piernas y ataparlo.

-” ¡Hazme tuya, Señor Miller!, ¡hazme tuya, ahora!”- le dije al oído mordiéndoselo a continuación.

El gruñido de deseo del padre de mis hijos resonó en mis oídos, pero fue acallado por el llanto de un bebe, que se escuchó a través del intercomunicador que había sobre mi mesilla de noche.

-” ¡Ailan!”- susurre, fue como una jarra de agua fría para mis sentidos y mi deseo.

Mi conciencia materna, se puso en acción y empujando a Miller, intentando levantarme para correr al lado de mi hija. Esto también, le tuvo un efecto en el padre de mis hijos, que, tras gruñir como un animal, me dejo ir y me ayudo a ponerme una bata para que pudiera ir a ver a la bebe.

-” Lo siento, tu hija...”- quise disculparme, mi voz estaba afectada aun por el deseo mientras el me ataba el cinto de la bata.

-” No lo sientas, ellos siempre seran lo primero, aunque aún te siento en mi piel, tendré que volver a ducharme, al menos he descubierto que tu cuerpo sigue reaccionando igual o mejor…

solo quiero preguntarte algo, que no he descubierto todavía...pero eso puede esperar primero son nuestros hijos”- me dijo con la voz ronca que me recordaba a esa noche, tras besarme, volvió a dirigirse al baño desnudo. Lo recorrí con la mirada, su erección destacaba de forma prodigiosa, y el deseo me volvió a asaltar.

” Primero, es lo primero, tu hija te necesita. Luego podrás intentar convencer a Norman que se duche contigo... o que te haga el amor sobre cualquier mueble de la habitación, incluido la cama”- Ese pensamiento me asalto y antes de ceder a él, corrí hacia la habitación de los niños.

Lástima que esa noche no puede cumplir mi deseo. Ailan se despertó al sentirse extraña en esa habitación, y sus llantos despertaron, también, a su hermano que no le gustaba verla llorar, así que, la primera noche en la mansión Miller, nos la pasamos Norman y yo, tratando de calmar a los caprichosos herederos, acompañados por toda la servidumbre, el mayordomo y el bisabuelo de los gemelos, que exigía que mataran al dragón imaginario que hizo despertar a sus adorados bisnietos.

Norman.

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