—Por cierto, ¿quién es la esposa de Facundo?
Belén se hizo la desentendida de inmediato.
—Yo... ni la conozco.
Dijo eso, pero justo en ese momento pasaron un comercial de Floriana en la tele. Belén corrió a buscar el control para cambiarle otra vez, cuando Víctor comentó de repente.
—Esta actriz es de las nuevas, ¿verdad? Está muy bonita.
Belén se frotó las sienes al ver el interés con el que su hijo devoraba con la mirada a Floriana en el anuncio.
Tal como se temía: aunque perdiera la memoria, sus gustos seguían siendo exactamente los mismos.
—Oye... tu papá no tarda en llegar, mejor ya vete.
Víctor no captó la indirecta.
—Si ya va a llegar, ¿por qué me corres? Quiero platicar un rato con él.
—Eh, es que es mejor que te vayas ahorita.
—¿Por qué?
—Porque antes de que perdieras la memoria hiciste un desastre y terminaste mandando a tu papá al hospital por un coraje. Si te ve aquí, seguro te va a armar un pleito.
Víctor soltó un suspiro larguísimo; ni siquiera preguntó qué problema había causado, solo se limitó a quejarse:
—Con la edad que tiene y todavía se enoja por todo.
A pesar de sus quejas, se levantó.
Pensaba hacerle caso a su mamá e irse para no seguir haciendo corajes a su papá, pero al pararse, le cayó el veinte de que, conociendo su propio carácter de antes, jamás habría pensado en los demás. Incluso habría dicho: «Se lo merece, por enojón».
El Víctor de veintiocho años parecía haber cambiado muchísimo.
—Espérate, ¿a dónde quieres que vaya?
Si lo corrían de la casa familiar, ¿a dónde se suponía que iba a meterse?
—Pues a tu casa, obviamente —contestó Belén.
—¿Mi casa?
—A tu departamento, pues.
—¿A poco ya vivo solo?
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...