En la casa principal de la familia Crespo, Víctor se le quedó viendo a la barriga de Belén, completamente incrédulo.
—Mamá, a tu edad y todavía pudiste embarazarte. Neta que mi papá y tú se pasaron.
Víctor estiró la mano queriendo tocarle la enorme panza, pero Belén se hizo para atrás de inmediato, mirándolo a la defensiva. Temía que de repente se alterara y lastimara al bebé.
—¿Qué... qué haces aquí?
Ver a su hijo le causaba ansiedad y miedo. Aunque sabía que tenía amnesia y que su mente se había estancado en los dieciocho años —cuando todavía no se llevaban tan mal—, simplemente no podía pasar la página y nunca había intentado volver a aceptarlo.
Víctor levantó una ceja.
—¿Ahora resulta que necesito una excusa para venir a mi propia casa?
Belén guardó silencio por un momento; quiso decirle que ellos ya habían roto su relación...
—¿Qué vas a tener, niño o niña?
—¡No te atrevas a hacerle daño a este bebé!
Víctor parpadeó.
—¿De qué hablas? ¿Por qué le haría daño? Es mi hermano o hermana menor, obviamente lo voy a consentir bastante.
Víctor torció la boca y luego se quedó mirando la tele.
Ya estaba prendida desde que llegó, y afortunadamente estaban pasando una serie.
Al ver que Víctor prestaba atención a la pantalla, a Belén se le subió el corazón a la garganta. La protagonista de la serie que estaba viendo era Floriana.
Isabella le había advertido que, con la condición de Víctor, era mejor no mencionarle nada sobre Floriana. Si, en un arranque, se le ocurría volver a provocar a Facundo, nadie sabía en qué tragedia podría acabar todo.
Belén agarró el control apresuradamente y le cambió de canal.
—Ejem... esa que estaba no estaba buena.
La verdad es que Víctor ni siquiera tenía ganas de ver la tele. Se echó en el sillón y se puso a platicar con Belén sin mucho entusiasmo.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...