¿Qué significa esto? —preguntó Víctor, enarcando una ceja.
Enzo apretó los labios.
—Dame dinero.
—Ah, ¿o sea que vas a ganar dinero a mis expensas?
—Te serví el arroz.
Víctor rodó los ojos. Por un momento, casi se había conmovido.
—Ganar dinero con tu propio esfuerzo, muy bien hecho, Enzo —dijo Floriana, saliendo de la cocina con un plato de comida. Le dedicó una sonrisa llena de orgullo.
Ante el cumplido, Enzo bajó la mirada, avergonzado, pero no retiró la mano.
Víctor soltó un suspiro.
—No tengo efectivo ahorita. En la tarde cambio unos billetes y te pago.
Solo al escuchar eso, Enzo bajó la mano y se sentó junto a Carlota.
Floriana le sirvió porciones extra de guisado en el plato a Enzo. El niño era tan tímido y asustadizo que, si no le servían la comida directamente, se comería el arroz en blanco.
En el fondo, a ella le encantaba ese niño. Aunque era callado y cobarde, también era increíblemente educado. Recogía su cuarto y siempre buscaba la manera de ayudarla con los quehaceres.
Por la tarde, Víctor acompañó a Floriana al huerto. Cavó la tierra, regó las plantas y terminó siendo utilizado como su peón personal.
Cuando por fin terminaron y regresaron, Víctor se dejó caer en la silla mecedora del patio y se quedó profundamente dormido. No supo cuánto tiempo pasó, pero al abrir los ojos, se sobresaltó al ver a alguien plantado frente a él.
—¡Casi me matas del susto! —reclamó Víctor, llevándose la mano al pecho.
Enzo se encogió un poco, pero se mordió el labio inferior, se mantuvo firme y le tendió la mano.
Víctor tardó un segundo en entender: venía a cobrarle su sueldo de la mañana.
Víctor soltó una carcajada irónica.
—¿De verdad crees que te voy a quedar a deber esos tres pesos?
Enzo guardó silencio un momento.
Víctor llegó a la conclusión de que tener a Enzo cerca era bastante conveniente, así que le renovó el contrato por otra quincena.
Floriana veía cómo padre e hijo comenzaban a unirse y eso la llenaba de alegría. Lo que no esperaba era que, una mañana quince días después, Enzo —quien jamás necesitaba que lo despertaran— no bajara a desayunar. Pensó que al fin se había dado el lujo de dormir hasta tarde, pero al abrir la puerta, encontró la cama perfectamente tendida y una nota sobre la mesa.
«Fui a buscar a mi mamá».
Con solo leer esas pocas palabras, Floriana palideció del susto y corrió a buscar a Víctor.
Al leer la nota, Víctor no pudo evitar soltar una maldición.
—Este chamaco solo sabe buscar problemas.
Primero recorrieron todo el pueblo, sin éxito. Dedujeron que seguramente había tomado un autobús hacia Nublario.
—¡Con razón estaba tan desesperado por ganar dinero! ¡Estaba ahorrando para escaparse de la casa! —bramó Víctor, furioso.
—Ya no importa eso, arranca hacia la ciudad y ve a buscarlo.
El camino de salida del pueblo aún no estaba pavimentado y estaba lleno de baches. Víctor tuvo que conducir con extremo cuidado, perdiendo mucho tiempo en ese tramo. Justo cuando estaba a punto de salir a la carretera, un anciano en un triciclo se cruzó de repente. Víctor frenó de golpe y dio un volantazo violento para esquivarlo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...