Martina suspiró, sintiéndose completamente impotente.
—¿Entonces qué quieres que haga? ¿Cómo puedo darte tranquilidad?
Sabrina frunció el ceño con fuerza. Era evidente que ni ella misma sabía la respuesta.
Martina estuvo a punto de soltarle la verdad, de decirle que tenía una enfermedad terminal. Al fin y al cabo, ella era una persona con un pie en la tumba, no iba a robarle a Romeo. Seguramente, al saberlo, Sabrina se quedaría tranquila.
Pero justo cuando iba a abrir la boca, la puerta se abrió.
Entró un hombre alto, vestido con pantalones de vestir negros y una camisa blanca. Tenía un rostro maduro, llevaba anteojos sin montura y sostenía una canasta de frutas en las manos.
—Señorita, olvidó llevarse esto.
Le tendió la canasta, pero al ver que Sabrina no la tomaba, el hombre se quedó paralizado, sin saber qué hacer.
Se notaba a leguas que era un hombre sencillo y honesto.
Sabrina había comprado la canasta, pero probablemente al llegar al edificio perdió las ganas de dársela. Las personas suelen ser dominadas por sus emociones pasajeras. Quizás Sabrina la compró porque recordó que Martina había detenido a Simón Quintero para que no abusara de ella. Pero al tener la canasta en las manos, se acordó del problema con Romeo, y esa chispa de gratitud fue aplastada por el enojo.
No olvidó la canasta; simplemente no quiso entregarla.
Pero su chofer era tan leal que corrió a alcanzarla para dársela.
—Señorita Sabrina, gracias por la fruta —dijo Martina, señalando una mesa cercana—. Por favor, ponla ahí.
El hombre miró de reojo a Sabrina. Al ver que no se oponía, soltó un suspiro de alivio y dejó la canasta en la mesa.
Justo cuando estaba por retirarse, a Sabrina se le iluminaron los ojos.
—Zacarías Solís —lo llamó de repente—. Tú... ¿tú no estás casado, verdad?
El chofer se quedó perplejo.
—Yo... me casé, pero ya me divorcié.
—¿Y qué te parece la señorita Palacios?
Zacarías parpadeó, completamente confundido por la pregunta.
Pero Martina sí entendió hacia dónde iba, y su expresión se endureció al instante.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...