Thiago logró dormir un par de horas en su oficina. Cuando abrió los ojos, ya había amanecido.
Fue a lavarse la cara y, al pasar frente a la sala de juntas, vio que el equipo de relaciones públicas seguía trabajando frenéticamente. No hacía falta preguntar; la masacre mediática contra Nadia continuaba.
Su instinto le decía que debía ir a ver a Nadia de inmediato. Saber que había perdido el papel estelar seguramente la tenía destrozada. Necesitaba consolarla, pero...
De pronto, los videos que había visto la noche anterior invadieron su mente. Nunca imaginó que Renata hubiera soportado tantos golpes.
La mayoría venían de Nadia, algunos de Leticia, y otros... de él mismo.
En esos videos, Renata parecía una muñeca sin alma. Recibía los golpes, se cubría el rostro y bajaba la mirada. Ni siquiera mostraba enojo, mucho menos intenciones de defenderse.
El mundo entero creía que era una mujer débil y cobarde, pero él sabía la verdad. Ella no era así. Era la misma mujer que lo había seducido con audacia, que se había metido en su cama y que sabía cómo manipularlo usando su cuerpo como moneda de cambio. Una mujer así no podía ser ni estúpida ni sumisa.
Todo era una fachada. Y si estaba fingiendo, debía tener un motivo oculto que incluso él desconocía.
Pero los golpes eran reales. Era imposible que no odiara a quienes la maltrataban.
Pensar que Renata se acostaba con él mientras lo odiaba en secreto le revolvió el estómago. Se sintió profundamente engañado.
Con ese nudo de emociones tóxicas en el pecho, Thiago condujo hasta el hospital.
—Renata ya fue dada de alta —le informó la enfermera en recepción.
Thiago frunció el ceño.
—¿De alta? ¿Tan rápido?
—Recibió un golpe contundente en la cabeza. El doctor recomendó que se quedara en observación por riesgo de conmoción cerebral, pero ella insistió en que tenía una urgencia médica y se marchó.
Thiago sacó su celular de inmediato y la llamó, pero mandaba directo a buzón. Frustrado, llamó a Leticia.
—Ah... fui yo quien le ordenó que saliera del hospital.
Solo le quedaba esperar.
Esperó hasta bien entrada la tarde, pero Renata nunca apareció. En su lugar, el caos estalló del lado de Nadia.
Furiosa por haber perdido el casting, Nadia no pudo resistir la tentación de entrar a internet. Ver cómo millones de personas la insultaban la sacó de sus casillas. Aunque intentó mantener la compostura, terminó entrando desde una cuenta falsa a Twitter para pelear con los usuarios.
"Nadie golpea a otra persona sin razón. Seguramente la asistente hizo algo asqueroso para merecerlo".
Pero los internautas no eran estúpidos. Rápidamente rastrearon la cuenta y descubrieron que era la cuenta secundaria de Nadia. Comenzaron a acosarla en masa, retándola a dar la cara desde su perfil oficial.
Cegada por la ira, Nadia lo hizo. Tomó su cuenta principal y publicó un solo mensaje:
"¡La golpeé porque es una amante! ¡Se metió en mi relación y sedujo a mi novio!"
Esa sola frase fue suficiente para hacer explotar el internet latinoamericano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...