Thiago respiraba con pesadez, presa de la furia. Jamás imaginó que Renata se atrevería a llegar tan lejos.
—Nadia vio todo esto y se desmayó del coraje —le informó Leticia por teléfono.
—¿Cómo está ahora?
—Llamé al doctor de inmediato. Ya despertó, pero no deja de llorar. Dice que su carrera como actriz está arruinada para siempre.
Thiago colgó la llamada con Leticia y de inmediato marcó el número de Renata.
—¡Borra todas esas porquerías ahora mismo! —rugió en cuanto contestó.
Renata, recostada tranquilamente en una silla, respondió sin inmutarse:
—Solo mostré la verdad.
—¡Renata!
—No lo haré.
—¡Te lo ordeno!
—Ya renuncié. El señor Flores no tiene ningún derecho a darme órdenes.
—¡No he aceptado tu renuncia!
—Lo hará.
Renata colgó primero. Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que Manuela contactara a Thiago.
Del otro lado, Thiago estuvo a punto de estrellar el teléfono contra el piso. Ya habían perdido el control de la opinión pública por completo. No se atrevían a publicar otra aclaración; cada paso en falso empeoraba la situación. Solo les quedaba esperar a que el escándalo perdiera fuerza.
Pero incluso si la gente dejaba de hablar del tema, la imagen de Nadia estaba destrozada. Su camino de ahora en adelante sería un infierno.
Justo cuando se rompía la cabeza buscando una solución, entró la llamada de Manuela.
—Puedo volver al rodaje.
Al escuchar eso, Thiago soltó un suspiro de alivio. Mientras Manuela regresara, la producción podría continuar. Podrían meter a Nadia al set y, al menos, aislarla del escándalo para que se enfocara en grabar durante los próximos dos meses.
Pero, ¿por qué Manuela llamaba justo en ese momento?
—¿Tiene alguna condición para volver? —preguntó él, cauteloso.
—El señor Flores es un hombre inteligente. Mi condición es muy simple: quiero que me ceda a Renata.
—¿A quién?
—A Renata.
Thiago se quedó pasmado. No sabía que ellas dos se conocieran, y el hecho de que Manuela la usara como moneda de cambio indicaba que no era una simple casualidad.
Renata sonrió levemente.
—Thiago, tú fuiste quien eligió a Nadia por encima de mí. Fue tu decisión, así que no te hagas el mártir como si yo te hubiera traicionado.
—¡Claro que elegí a Nadia, la amo!
—Y yo les deseo lo mejor.
—¡No necesito tus buenos deseos!
—Tranquilo, Thiago. Volveremos a vernos pronto.
Thiago se quedó escuchando el tono de línea muerta sin entender a qué se refería con eso de que volverían a verse.
¿Acaso aún sentía algo por él y no quería dejarlo ir?
Manuela fue la primera en volver al set. Cuando los periodistas la acorralaron sobre su conflicto con Nadia, ella sonrió y dijo que en cualquier ambiente laboral hay roces, que todo se había aclarado y que no le guardaba rencor a nadie.
Fueron declaraciones bastante elegantes. Mientras tanto, la empresa hacía lo imposible por apagar el fuego en redes. Días después, las críticas habían disminuido, pero el título de «acosadora de asistentes» ya estaba tatuado en la frente de Nadia.
Muchos contratos publicitarios se cancelaron y su valor comercial se fue a pique.
La siguiente vez que Thiago vio a Renata fue cuando llevó a Nadia al set de grabación. Para ese momento, Renata ya era la asistente personal de Manuela y conversaba con ella con una sonrisa radiante y genuina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...