Thiago e Isabella comenzaron a discutir a gritos, hasta que llegó Renata.
—Señorita Quintero, déjeme hablar con él.
Isabella estaba cegada por la rabia. Después de todo, Jairo era el punto en común entre ella y Thiago, y si las cosas se ponían demasiado feas, pondrían a Jairo en una posición incómoda. Respiró hondo, le hizo un gesto de asentimiento a Renata y regresó al otro salón.
Renata se quedó mirando a Thiago. Sabía perfectamente que sus intenciones iban más allá de robarles un par de empleados; seguramente seguiría poniéndoles trabas. Su objetivo era retrasar la producción para que el proyecto de ellos se terminara y se estrenara primero.
Era una táctica sumamente sucia, pero Thiago tenía los recursos para hacerlo. ¿Quién podría detenerlo?
—¿Cuál es tu objetivo final? —le preguntó ella.
Thiago encendió un cigarrillo y le dio una calada.
—¿Cuál crees tú que es?
—Destruir todo mi esfuerzo, dejarme sin trabajo, quitarme la oportunidad de demostrar mi valor, y hacerme caer de rodillas para que ustedes puedan pisotearme y humillarme a su antojo.
Renata lo miró fijamente y pronunció aquellas palabras con una calma escalofriante.
Al escucharla, Thiago no pudo mantener la compostura. ¿Era ese su verdadero objetivo? Por supuesto que no, jamás había pensado en llegar a ese extremo. Pero... todo lo que estaba haciendo inevitablemente la conduciría a ese abismo.
—Estás... estás imaginando cosas —Thiago le dio una fuerte calada al cigarrillo y apartó la mirada, evasivo.
—Hasta ahora no he dado ninguna declaración sobre lo que le pasó a mi madre.
—¿A dónde quieres llegar?
—Si esto es una guerra, ustedes fueron quienes la empezaron. Ustedes dispararon primero.
Thiago frunció el ceño.
—No, no lo voy a tolerar. Iré a exigirle una explicación. ¡Nadie puede abusar de la gente de esta manera!
El director Andrade se dio la vuelta y, al ver a Renata, comprendió que Thiago probablemente estaba orquestando todo eso solo para lastimarla. Su enojo se multiplicó.
—Cuando Renata era asistente de esa mujer, soportaba maltratos, insultos, la culpaban de todo y hasta la empujaron a enfrentar linchamientos mediáticos varias veces. ¡Como si eso no fuera suficiente, ahora siguen atacándola! Ese Thiago no es más que un cobarde.
—No te preocupes, Renata. Iré a hablar con él. Si sigue intentando boicotearnos, ¡tengo mis propios métodos para enfrentarlo!
Thiago tenía demasiada influencia en la industria. Renata no quería que nadie saliera perjudicado o sufriera pérdidas económicas por su culpa.
—En realidad, hace tiempo que vengo dándole vueltas a una idea, pero no había tenido la oportunidad de mencionárselas. Creo que ha llegado el momento.
—¿Qué quieres decir, Renata? —preguntó Manuela, volteando a verla.
—Quiero renunciar a este proyecto. Por supuesto, solo dejaré mi puesto como guionista principal. Les entregaré el guion completo y terminaré de pulir esta primera ronda de episodios. Después, podrán contratar a otro guionista para que continúe desarrollando la historia.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...