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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1397

Ignacio seguía con la adrenalina al límite. Se frotó la nariz con nerviosismo.

—¿Qué problema tenías con esa gente?

Tatiana agitó la mano restándole importancia.

—Problemas de la calle. Es normal que haya fricciones, no pasa nada.

—¿Cómo que no pasa nada? Había gente herida en los dos bandos, y no eran rasguños precisamente.

Al notar la inusual expresión de seriedad en el rostro de Ignacio, a Tatiana se le ocurrió una idea.

—Bueno, sí ha pasado algo grave.

—¿Qué es? ¿Puedo ayudar en algo?

Tatiana dejó salir un suspiro dramático.

—Me metí con la gente equivocada y ahora quieren matarme.

—Entonces... ¡pues llama a la policía!

La comisura de los labios de Tatiana tembló ligeramente.

—Pertenezco a la mafia, ¿y me estás diciendo que llame a la policía?

—Ehh... ¿no se puede?

—Por supuesto que no. Además, no tengo pruebas de que quieran asesinarme —dijo Tatiana. Al ver la genuina preocupación en el rostro de Ignacio, decidió seguir con la farsa—. La Hermandad Gutiérrez ha perdido mucho poder últimamente y ya no me pueden proteger. Lo de esta noche fue solo un aviso. Si me vuelven a encontrar, me matan.

Ignacio había visto suficientes películas como para saber que la mafia era un mundo de muerte y destrucción.

—Entonces... ¡tienes que esconderte! ¡No dejes que te encuentren!

—¿Y dónde me escondo? Saben perfectamente dónde vivo.

—¡Vente a mi casa!

—¿En serio?

Ignacio recapacitó por un segundo.

—No, espera, tal vez ya saben dónde vivo. Tengo otro apartamento en el centro de la ciudad. ¡Puedes quedarte ahí!

—¿Y qué hay de ti?

—¿Yo? ¿Qué tiene que ver conmigo?

Tatiana se quedó callada un instante.

—Me defendiste hace rato. Si no me encuentran, seguro te buscarán a ti para obligarte a decirles dónde estoy.

—No les diré nada.

—¿Y si te cortan las manos y los pies? ¿Si te arrancan la piel? ¿O si te desangran...?

—Ni que no me hubieras visto antes.

—De todos modos, está mal.

—Tú concéntrate en manejar. ¿Qué tanto me miras por el espejo?

—Yo...

—Ni lo pienses. Esta noche no va a pasar nada, soy una paciente convaleciente.

Sintiéndose avergonzado por las indirectas de Tatiana, Ignacio cerró la boca y no se atrevió a decir una sola palabra más.

Ya en la avenida principal, Ignacio miró el espejo y frunció el ceño. Pisó el acelerador a fondo.

—Creo que el auto que viene detrás nos está siguiendo.

Tatiana se asomó por la ventana. Efectivamente los seguían, pero era la camioneta de sus propios hombres.

—Parece que no se dan por vencidos. Están decididos a matarme.

Ignacio apretó la mandíbula.

—Agárrate fuerte. Los voy a perder.

Sin darle tiempo a responder, hundió el pie en el acelerador y el auto salió disparado. Tatiana perdió el equilibrio y cayó pesadamente sobre el asiento, torciéndose la cintura de un tirón.

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