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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1402

Al observar la forma en la que ambos interactuaban, la sonrisa de Fabio se fue desvaneciendo hasta desaparecer por completo.

—No sabía que ustedes dos se conocían.

Ignacio procesó el comentario y soltó un grito de asombro.

—¡¿Ustedes también se conocen?!

—Sí, y de hecho, nos conocemos desde hace mucho antes que ustedes —aclaró Fabio, con un tono cargado de arrogancia.

—¿En serio? —Ignacio se volvió hacia Tatiana, buscando confirmación.

Ella se encogió de hombros, intentando restarle importancia.

—Fuimos compañeros de universidad, eso es todo.

—¡Ah, compañeros de la universidad! Qué coincidencia tan loca.

Para Ignacio no pasaba de ser una simple anécdota, así que no le dio más vueltas al asunto.

—¡Bueno, no se queden aquí parados! Pasen, hay que sentarnos adentro.

Los amigos de Fabio, que no eran ningunos tontos y ya habían captado la tensión, se fueron metiendo al salón uno por uno, intercambiando miradas llenas de malicia.

Tatiana no tenía ninguna intención de compartir la mesa con esa gente. Iba a decirle a Ignacio que prefería irse, pero Fabio se le adelantó.

—Oye, Ignacio, a ver si al rato nos cuentas cómo fue que conociste a Tatiana.

Ignacio sonrió de oreja a oreja.

—¡Claro que sí!

Preocupada de que a Ignacio se le soltara la lengua y empezara a contar de más, Tatiana no tuvo más remedio que entrar y sentarse. Apenas tomó lugar, sintió el peso de todas las miradas sobre ella.

—Vaya, Tatiana, sí que tienes talento. Lograste atrapar al segundo hijo de la familia Rodríguez —dijo una mujer del grupo de Fabio, lanzando el dardo con toda la intención de hurgar en su vida privada.

Tatiana arqueó una ceja, sin perder la compostura.

—¿Acaso alguna vez dudaste de mis capacidades?

—Para nada. Más bien me siento insignificante a tu lado.

—Haces bien en sentirte así.

—Te echo un par de flores y ya te crees la gran cosa.

—¿Tú también quieres que te halaguen? ¿Pero por dónde empiezo? ¿Por tu cara espantosa, tu falta de figura, tu envidia venenosa o tu cabeza hueca?

Tatiana le lanzó una mirada fulminante.

—¡No digas estupideces! Lo único que hicimos fue jugar un tonto juego juntos. Yo jamás aceptaría que fuimos novios.

La comisura de los labios de Fabio tembló de rabia contenida.

—¿Me estás diciendo que lo nuestro solo fue un juego?

—Un juego que el señorito Fabio tuvo que cumplir por perder una apuesta. ¿O me equivoco?

Fabio respiró hondo, intentando mantener el control.

—En su momento intenté explicártelo.

Tatiana soltó una carcajada burlona. Si no hubiera mencionado "la explicación", su enojo tal vez habría sido tolerable. Pero con solo recordar aquel momento, sintió unas ganas incontenibles de romperle la cara a golpes.

Tres días después del famoso incidente del pastel, él la había llamado por teléfono.

—"La verdad, deberías estarme agradecida por esa apuesta. Si no fuera por ella, nosotros nunca habríamos estado juntos. Si puedes dejar este asunto en el pasado, podemos seguir como si nada; pero si decides hacer un berrinche, la única que se va a arrepentir de por vida vas a ser tú".

—"Ya terminé de hablar. Ahora puedes pedirme perdón".

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