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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1416

—Entonces dime, ¿qué fue lo que viste?

—Yo... —La pequeña bajó la mirada y dudó durante mucho tiempo, antes de murmurar en voz muy baja—: Vi a mi tía matar a alguien.

Tatiana se quedó de piedra.

—¿A quién viste que mató?

—No sé quién era ese hombre, pero mi tía lo llamaba profesor.

Esta revelación dejó a todos los presentes atónitos, incluyendo al padre, que acababa de regresar de fumar.

—¡Tú... no digas tonterías!

—Ese día mi tía me llevó a comprar juguetes. Dijo que la esposa del profesor había muerto, que él había aceptado casarse con ella y que el bebé en su barriga ya tenía un papá. Estaba muy feliz. Luego, cuando estábamos en el centro comercial, recibió una llamada del profesor y me dijo que él quería darle una sorpresa. Me llevó a la casa del profesor y me dijo que esperara abajo, pero yo no quise esperar y la seguí a escondidas.

—La puerta de su casa estaba abierta. Vi que el profesor tenía un cuchillo e intentaba matar a mi tía. Ella lloraba y se defendía. El profesor tropezó con una silla y cayó hacia atrás, y en ese momento, mi tía le clavó el cuchillo aquí.

La niña señaló la zona de su corazón. Al recordar la escena, sus ojos se llenaron de terror.

—Luego... luego mi tía abrazó al profesor llorando. Ella también sangraba mucho. Me asusté muchísimo y salí corriendo de ahí.

—Después, mi tía estuvo en el hospital mucho tiempo. Cuando regresó a casa, vino a mi cuarto y me preguntó si había visto lo que pasó ese día. Le dije que sí, y entonces quiso matarme.

La madre ató los cabos en su mente.

—Es cierto. La primera noche que volvió del hospital, esperó a que todos nos durmiéramos, entró a hurtadillas a la habitación de Esther e intentó matarla. Escuché el ruido, corrí hacia allá y logré detenerla. Y fue a partir de esa noche que perdió la razón.

Esa verdad fue un golpe demoledor para todos. Cuando el padre salió de su estupor, de inmediato regañó a su hija.

—¡Deja de decir mentiras! ¡Ese profesor se suicidó, tu tía no lo mató! ¡Suficiente, vámonos a casa, cualquier cosa que tengan que decir la hablaremos allá!

El hombre se acercó, dispuesto a llevarse a la niña, pero la madre la abrazó con fuerza.

—¡No volveremos a esa casa! ¡No voy a vivir bajo el mismo techo que una asesina!

—¡Te atreves a seguir diciendo tonterías...!

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