—Creo que en el fondo, él y tú no son compatibles —comentó Fabio.
El ceño de Tatiana se frunció.
—Si somos o no compatibles, no es algo que deban juzgar los de afuera.
Esa frase fue demasiado dura; dejó a Fabio paralizado por un buen rato, hasta que finalmente solo pudo soltar una sonrisa amarga.
—Hablé de más. Olvidé que yo también me he convertido en un extraño.
Ignacio se había marchado, dejando tras de sí una atmósfera terriblemente incómoda. Fabio no se fue, sino que intentó cambiar de tema para disimular la tensión. Sin embargo, Tatiana estaba con la mente en otra parte. Había perdido el apetito y se sentía increíblemente irritada; lo único que quería era que Fabio se fuera.
Cuando logró calmar un poco sus emociones y volvió la vista hacia Fabio, se dio cuenta de que él había bebido de más.
Tatiana le arrebató la botella de las manos.
—¿Por qué tomaste tanto? —preguntó de mal humor.
Fabio ni siquiera podía sentarse derecho, terminó apoyando la cabeza sobre la mesa. Con gran esfuerzo, levantó la mirada hacia ella. Primero esbozó una sonrisa y luego sus ojos reflejaron una tristeza profunda y difícil de describir.
—Tatiana, si estás dispuesta a darle una oportunidad a Ignacio, ¿por qué no puedes darme una a mí?
Tatiana suspiró con pesadez.
—Te llevaré a casa.
Se acercó e intentó levantarlo, pero él la sujetó del brazo.
—¿Por qué no puedes darme ni una sola oportunidad?
—Fabio, ¿de verdad estás borracho?
—Yo...
Fabio soltó un hipo, provocado por el alcohol, y luego salió corriendo hacia el baño. Al escuchar los sonidos de él vomitando, Tatiana sintió una profunda frustración.
Después de esperar un largo rato, al ver que no salía, no tuvo más remedio que entrar. Lo encontró sentado en el suelo, recargado en la pared, con los ojos enrojecidos y lágrimas que aún no se había limpiado del todo.
Tatiana se agachó y, con toda la paciencia que pudo reunir, le explicó:
—Fabio, entre nosotros es completamente imposible. ¿Lo entiendes?
—¿Por qué... no puedes darme una oportunidad...?
—No puedo.
—¿Y a Ignacio sí?
—Él nunca me ha lastimado de la forma en que tú lo hiciste.
Fabio la miró y el brillo en sus ojos se apagó lentamente.
—Lo siento.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...