Antes de llegar, Isabella no se había imaginado ni por un momento que se enfrentaría a una escena así.
Para ser sincera, no estaba preparada, y en ese momento se sentía bastante confundida.
—¡María, no seas maleducada!
En ese instante, entró otra persona: Gabriel.
Él también había cambiado mucho. Su cabello, antes de un largo mediano, ahora estaba cortado casi a rape. Llevaba una chamarra negra y unos jeans con restos de polvo en las piernas. No quedaba ni rastro del aire de joven heredero y exitoso que solía tener.
Parecía que no se atrevía a mirarla. Primero, levantó a su padre y lo colocó de nuevo en la silla de ruedas. Luego, le pidió a su madre que lo llevara de vuelta a la habitación y a su hija que subiera a su cuarto a hacer la tarea.
Diana, preocupada, le susurró antes de irse:
—Gabriel, habla bien con Bella. Dile que nos quedamos aquí porque de verdad no teníamos otra opción. Total, a ella le sobran casas, una más, una menos… que nos deje quedarnos por ahora.
—Ya, mamá, entra, por favor —dijo Gabriel, frunciendo el ceño.
Diana suspiró y se fue, empujando la silla de ruedas de Raúl.
—Gabriel, no quiero perder el tiempo con ustedes. Quiero que…
Antes de que pudiera terminar, Gabriel también se arrodilló frente a ella.
—Bella, lo que hice en el pasado fue una canallada. En estos años en la cárcel, he reflexionado y me he dado cuenta de mis errores. ¡No te pido que me perdones, solo espero tener la oportunidad de compensarte algún día!
Isabella entrecerró los ojos.
—¿Crees que con esto voy a evitar echar a tu familia de mi casa?
—¡Nos iremos lo antes posible!
—…
—Cuando yo estaba en la cárcel, mi madre tuvo que hacerse cargo de mi padre y de mi hija. Se metieron aquí porque de verdad no tenían a dónde ir. Ahora que he salido y puedo ganar dinero, aunque sea para vivir en un sótano, te juro que no seguiremos abusando de tu hospitalidad.
Isabella asintió.
—Bien, les doy tres días. Encuentren un lugar y lárguense de inmediato.
—Gracias, de verdad, muchas gracias.
Isabella no quiso seguir hablando con él y se dio la vuelta para irse.
—Bella, sé que te divorciaste de Jairo.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...