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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 490

—¿Te doy el dinero y con eso se acaba el problema?

—¡Sí, claro que sí!

—¿No necesitas la aprobación de la persona que está detrás de todo esto?

—Ella solo dijo que les pidiera un millón, no…

Al llegar a ese punto, Clemente se dio cuenta de que había hablado de más y se tragó el resto de la frase. Luego, añadió con nerviosismo:

—¿Qué persona? No hay nadie detrás de mí.

Isabella esbozó una media sonrisa.

—Acabo de hablar con el médico. Me dijo que es imposible romperse el coxis en una caída tan simple como la tuya y sufrir una lesión tan grave.

—¿Qué… qué quieres decir?

—Sobre todo porque te levantaste inmediatamente después de caer, lo que demuestra que no te habías lastimado.

—¡Pero yo…!

—Y por la noche, atacaste a la señorita Rojas.

—¡Eso es mentira…!

—¿Qué? ¿De verdad crees que no hay cámaras en ese callejón? ¿Y aunque no las haya ahí, crees que no existen en las entradas y salidas de la zona?

La serie de preguntas de Isabella dejó a Clemente aturdido. Sumado al dolor que sentía, su mente se hizo un lío.

—¡No importa cómo me lastimé, ustedes son responsables!

—¡Pero no fue la señorita Rojas quien te lastimó!

—Yo… yo…

Clemente estaba a punto de derrumbarse, pero justo en ese momento, Sara llamó a Isabella.

—Isabella, Aitor y su gente, junto con la esposa y el hijo de Clemente, están bloqueando la entrada de la oficina. Dicen que no se moverán hasta que les paguemos.

Isabella frunció el ceño. Con razón no los había visto en el hospital; se habían ido a su oficina.

—Pero la realidad es que tu lesión no fue causada por la señorita Rojas, ¿o sí?

—Pero la señorita Soto dijo…

—¿Y todo lo que ella dice es ley? Ahora estás gravemente herido, no podrás volver a trabajar en la construcción y hasta podrías tener secuelas que afecten tu vida diaria. Nosotros no te daremos dinero, ¿acaso Otilia te prometió alguna compensación?

—No, no lo hizo.

—Entonces, te utilizó.

Tras decir esto, Isabella se dio la vuelta para salir.

Tal y como esperaba, apenas cruzó la puerta, Clemente llamó a Otilia y empezó a reclamarle a gritos.

Cuando Isabella subió a su carro, recibió la llamada de Otilia.

Si quería seguir atacando desde las sombras, ella se encargaría de sacarla a la luz.

—Veámonos.

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