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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 508

—Y yo lo extraño a él, mi nieto adorado. Cada vez que lo veo, me dan ganas de jubilarme para poder pasar todos los días con él.

—Pero no podría dejar su carrera.

—Amo actuar.

—Por eso lo apoyo.

Rafael le dio una palmadita en la cabeza a Isabella.

—Gracias por tu comprensión y apoyo, hija.

—Este pollo está muy bueno.

Aún no lograba llamarlo «papá», y en momentos como ese, se sentía un poco nerviosa e incómoda.

—Por cierto, tengo unas propiedades que quiero darte —dijo Rafael como si acabara de recordarlo, y le pidió a su agente que trajera los contratos.

Isabella negó con la cabeza.

—¡No las quiero!

—Tienes que aceptarlas, o me enojaré.

—Usted… debería dárselas a Adriana Méndez.

—Ella ya ha recibido mucho más que tú.

Rafael colocó los contratos frente a Isabella, le puso una pluma en la mano y le pidió que firmara.

La verdad es que a Isabella no le hacían falta esas propiedades. Aunque no había aceptado ni un centavo de Jairo en el divorcio, Iván le había cedido la mitad de sus acciones en el Grupo Domínguez.

Esas acciones le generaban ganancias de cientos de millones de pesos al año; se había convertido en una mujer muy rica.

Sin embargo, al ver la mirada expectante de Rafael, no tuvo el corazón para negarse y firmó los documentos. Eran varios, así que tuvo que estampar su firma una docena de veces, hasta el punto de sentirse un poco harta.

—Mi abogado se encargará de los trámites lo antes posible. Necesitará tu cooperación durante el proceso.

—De acuerdo.

Padre e hija terminaron hasta la última migaja de sus comidas. Cuando el agente de Rafael entró y los vio, se sorprendió.

—Hacía mucho que Rafael no comía tanto.

Isabella podía imaginar que en cuestión de minutos su nombre estaría en todas las tendencias, desatando un escándalo mediático y un sinfín de debates sobre la existencia de otra hija de Rafael además de Adriana.

Con ello vendrían muchas especulaciones, e incluso consecuencias negativas.

Rafael seguramente también lo había pensado, pero aun así, había reconocido abiertamente su identidad.

Isabella no entendía del todo sus motivos, pero en realidad, a ella no le afectaba.

Tras despedirse de Rafael, se dirigió hacia la salida del hotel.

Si se ponía a conducir en ese momento, llegaría al pueblo a ver a Samuel antes del amanecer.

Pero al llegar a los elevadores, vio a Hernán. Estaba esperando frente a una de las puertas.

«Eso significa que… ¡Jairo está aquí!»

Pensó Isabella, y casi por instinto, buscó un lugar donde esconderse.

Apenas lo hizo, las puertas del elevador se abrieron y la persona que estaba dentro salió. Efectivamente, ¡era él!

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