Mientras corría, Isabella miró hacia atrás y vio a tres guardaespaldas persiguiéndola. Por suerte, no se atrevían a hacer demasiado escándalo, así que se habían quedado bastante rezagados.
El elevador estaba justo delante. Cuando Isabella estaba a punto de suspirar de alivio, otros dos guardaespaldas aparecieron de repente por el otro lado del pasillo, bloqueando el acceso.
Se detuvo en seco, miró a ambos lados y no tuvo más remedio que girar hacia otro corredor.
Al final del pasillo deberían estar las escaleras. Corrió sin aliento hasta allí, solo para descubrir que era un callejón sin salida. Cuando intentó regresar, los tres guardaespaldas ya la habían alcanzado.
Isabella respiró hondo y, antes de que pudieran hacer un movimiento, les lanzó una patada.
Eran tres hombres corpulentos. Aunque Isabella tenía algo de práctica, no era rival para ellos. Sin embargo, era ágil y, sobre todo, astuta. Hizo varias fintas consecutivas que los exasperaron y, justo cuando la furia los cegaba, lanzó un puñetazo con todas sus fuerzas directo a la nariz de uno de ellos, haciéndolo sangrar.
Los tres se quedaron atónitos por un instante, y luego se abalanzaron sobre ella. Isabella, con una actitud desafiante, incluso los provocó antes de correr hacia ellos.
Justo cuando los guardaespaldas esperaban un choque frontal, Isabella se agachó y se escabulló entre ellos, dejándolos atrás.
Pero no tuvo tiempo de celebrar su pequeña victoria, porque los otros dos guardaespaldas volvieron a bloquearle el paso. Miró a su alrededor con desesperación, vio una puerta a un lado y, sin pensarlo dos veces, la empujó y entró.
Al entrar, se quedó helada.
Estaba en el salón de fiestas; había entrado por una puerta lateral.
La puerta estaba vigilada por personal del evento. Al verla entrar y evaluar su aspecto, se pusieron en alerta de inmediato.
—Disculpe, señorita, ¿tiene invitación?
Isabella frunció los labios. Por supuesto que no tenía.
Pero si salía ahora, era seguro que esos cinco grandulones la atraparían.
Justo cuando no sabía qué hacer, alguien se acercó a ella.
—Viene conmigo.
«¿Eh?»


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...