—¿Me has visto antes? —preguntó ella.
—Solo en las cámaras de seguridad.
—¿Las cámaras de seguridad de la casa de Leandro?
Los ojos de Lucas delataron un destello de nerviosismo.
—Sí.
Isabella entrecerró los ojos.
—¡Hackeaste sus cámaras de seguridad!
—«Hackear» no es la palabra correcta. Simplemente «accedí» a su laptop.
—¿Y así fue como me viste?
—Y también tus videos comprometedores.
Isabella sintió que se le revolvía el estómago. ¡Cómo era posible que Jairo educara así a su hijo!
—No pienses mal, dije que accedí a su laptop.
Isabella ciertamente había pensado mal, aunque no estaba del todo equivocada.
—A tu edad deberías estar formando una visión correcta de la vida, de los valores, de la sociedad…
—¿Acaso eres mi mamá?
Isabella abrió los ojos de par en par. ¿Cómo lo sabía? ¿Se había delatado? ¡Estaba perdida! ¿Cómo iba a enfrentar a este niño? ¡No estaba preparada en absoluto!
—¡No eres mi mamá, así que no tienes por qué darme lecciones! —espetó Lucas, lanzándole una mirada de desdén.
Isabella se quedó perpleja por un momento. Al volver en sí, sintió un cosquilleo en los nudillos; le daban ganas de darle un coscorrón.
En ese momento, los guardaespaldas entraron en el salón y la localizaron de inmediato.
—Oye, pequeño, tengo algo urgente que hacer. Hablamos luego.
Intentó irse, pero Lucas la detuvo del brazo.
—No vas a poder escapar.
—Tú no te preocupes por eso.
Lucas levantó la barbilla.
—Considerando que en el futuro podrías convertirte en mi tía, es mi deber ayudarte.
—No es necesario, de verdad.
—¡Sígueme!



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...