Asco…
Al escuchar esa palabra, Isabella sintió una punzada en el corazón.
Sabía perfectamente que Jairo la odiaba desde el momento en que se divorció de él de forma tan terminante.
—Acabo de ver a la hija del alcalde. Parece que también te estaba buscando.
—Ajá.
—¿No vas a saludarla?
—Si tantas ganas tienes de ir, ve tú. No tienes por qué arrastrarme contigo.
—¿Y yo para qué voy a saludarla? ¡El que va a salir con ella y a casarse con ella no soy yo!
Isabella se mordió el labio sin darse cuenta. Él… ya tenía con quién casarse…
—Esta vez seré extremadamente cuidadoso.
—Claro, el matrimonio es algo que hay que tomarse en serio.
—No volveré a perder el tiempo con personas inadecuadas que no valen la pena.
—La señorita Zúñiga me parece muy compatible contigo, en todos los aspectos.
—Un error estúpido se comete solo una vez.
—¿De qué hablas? No te entiendo nada.
—No importa, alguien más sí me entiende.
En ese momento, Lucas regresó con un vaso de agua.
—¡Papá, estás en mi lugar! —dijo, moviendo los ojos con astucia.
—¿Este vaso de agua es para mí? —preguntó Jairo, entrecerrando los ojos.
Lucas negó con la cabeza.
—No.
Jairo soltó un bufido, pero aun así tomó el vaso y se bebió el agua de un solo trago.
—¡Papá! —protestó Lucas, pataleando de frustración.
Jairo le dio un golpecito en la frente a Lucas.
—Le diré a Hernán que te lleve a casa. No te juntes con malas influencias, no vaya a ser que te echen a perder.
Dicho esto, Jairo lanzó una mirada a la cortina, se levantó y se fue.
Cuando Jairo se hubo alejado, Lucas descorrió la cortina y vio a Isabella acurrucada en el suelo, con la cabeza gacha, visiblemente abatida.
—Espera, ¡voy a traerte otro vaso de agua!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...