Víctor, reacio a rendirse, llamó a sus otras novias.
—¿Señor Crespo? ¡Pero si estoy casada!
—¿Cenar? No puedo escaparme... más despacio, amor...
—¿Dios no tiene ojos? ¿Sigues vivo?
...
Víctor hizo varias llamadas seguidas, incluso a exnovias que él mismo había abandonado, pero nadie le hizo caso. Era una rara ocasión en la que salía temprano y mañana era fin de semana. ¿Iba a desperdiciar una noche tan hermosa?
Justo cuando Víctor se lamentaba, entró una llamada de un número desconocido.
—Soy yo, jeje.
Era una voz femenina, muy infantil.
Víctor suspiró.
—¿Tu mamá no te enseñó que no debes hablar con hombres malos? Los hombres malos te secuestran y te venden por dinero.
—Usted es buena persona.
—Eso es un insulto para mí.
Del otro lado del teléfono se escuchó una risita. Víctor sonrió inconscientemente, recargándose en el asiento y relajando el cuerpo.
—Señor, ¿tiene tiempo esta noche? —preguntó Carlota.
—¿Me vas a invitar a salir? —bromeó Víctor con la niña.
—¡Sí!
La pequeña gordita respondió con entusiasmo. A Víctor le hizo gracia.
—Tengo tiempo.
—Lo invito al cine.
—¿Qué película?
—Zootopía.
—No me interesa.
—Ándele, vamos, es muy bonita.
—¿Por qué no le dices a tu mamá que te acompañe?
—Mi mamá tiene grabación nocturna estos días, no tiene tiempo para ir al cine conmigo.
—¿Y tu mamá deja que salgas conmigo?
—Claro que sí.
—Pásame a tu mamá.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...