Hernán salió de la oficina completamente aturdido y se topó de frente con Lola, que iba entrando. Al ver su expresión desencajada, ella le preguntó qué pasaba.
—Me corrieron.
Lola escuchó la historia completa y apretó los labios.
—¿Y ahora qué hago? Yo también venía a confirmar con él la agenda de la próxima semana.
Al entrar en la oficina, Víctor estaba a punto de quedarse dormido. Lola no se atrevía a molestarlo, pero no le quedó otra opción.
—Señor Crespo, ¿vio los documentos que le entregué ayer? El departamento de planeación está esperando sus instrucciones.
Víctor se despertó de un salto, casi cayéndose de la silla. Cuando se reacomodó y vio la cara de Lola, chasqueó la lengua.
—Lola, ¿estás casada?
—No.
—¿Tienes novio?
—No.
—Te invito a cenar esta noche.
Lola tardó un segundo en reaccionar, pero al ver la mirada lasciva de Víctor, apretó los dientes de la rabia.
—¡Renuncio!
Hernán y Lola fueron despedidos uno tras otro. Muchos abajo empezaron a especular que Víctor estaba haciendo una limpieza de los «antiguos empleados» de Jairo para renovar la sangre de la empresa y poner a su propia gente.
En ese momento, un empleado que se creía muy listo fue a darle consejos, diciendo que Hernán y Lola todavía tenían mucha gente a su cargo y que debía deshacerse de todos ellos para consolidar su posición en la empresa.
Víctor miró a aquel subordinado de aspecto desagradable y agitó la mano.
—Estás despedido.
—¿Eh? ¿Po-por qué? —El hombre había ido a mostrar su lealtad, no entendía por qué lo echaban.
Víctor hizo una mueca de asco.
—Eres demasiado feo. Me da náuseas verte.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...