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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 729

Esa frase fue letal; no solo admitía que Carlota era hija de Facundo, sino que también le hacía recordar todo lo que él, como padre, le había hecho a la niña estos días.

—Yo… yo no sabía…

—¡Mejor ve a preguntarle a Esther! Pregúntale qué clase de «buena acción» hizo y luego, si todavía te queda algo de vergüenza, ¡vuelves a buscarnos! —Tras decir esto, Floriana abrazó fuerte a Carlota y jaló a Víctor para salir de ahí.

Víctor, que no se quedaba conforme, levantó el encendedor y provocó a Facundo:

—¡Prendeme fuego si tienes agallas, cobarde!

Aquello enfureció tanto a Floriana que se dio la vuelta, le soltó una patada y le arrebató el encendedor de la mano.

Al salir de la residencia de los Prado, ambos soltaron un suspiro de alivio.

Era de madrugada y Carlota ya se había quedado dormida en el hombro de Floriana. El tramo hasta la salida principal era largo y, como la niña estaba pesadita, a Floriana le costaba cargarla.

—Cárgala tú —le gritó a Víctor.

Víctor hizo una mueca.

—¿Me ves cara de sirviente o qué?

Aunque refunfuñó, se quitó el saco manchado de gasolina, lo tiró a la basura y tomó a Carlota de los brazos de Floriana.

La pequeña gimió un poco, pero al ver que era Víctor, se recargó tranquila en su hombro.

—Señor.

—Mjm.

—Sabía que vendría con mi mamá a salvarme.

El corazón de Víctor dio un vuelco, derritiéndose por completo.

—Te prometo que ese malo no te volverá a molestar nunca más.

En cuanto se acercó, la ventanilla del conductor bajó.

El rostro de Jairo apareció en el interior. Primero inclinó la cabeza para saludar a Floriana y luego miró a Víctor, notando obviamente a Carlota en su espalda.

Soltó una risa.

—Escuché que trajiste un bidón de gasolina a la casa de los Prado. ¿Planeabas morir con ellos?

Esa risa le provocó un escalofrío a Víctor. Él no le temía a nada, ni a Dios ni al diablo, ni a sus propios padres, pero le tenía pavor a Jairo. Para el mundo, Jairo era el estudiante modelo, el ejemplo a seguir, capaz, sensato y con principios, pero no sabían cómo le había hecho la vida imposible desde niños.

Por ejemplo, a los seis años, Víctor aventó un gatito al agua para que «aprendiera a nadar». Jairo lo vio y de una patada lo tiró a él también al agua para que aprendiera junto con el gato.

A los diez años, amenazó a sus padres con irse de la casa. Jairo lo engañó diciendo que lo ayudaría a esconderse, lo metió en una camioneta y lo abandonó en medio del monte. Estuvo perdido tres días, sobreviviendo a base de insectos, y cuando regresó, sus padres le dieron una paliza.

Y a los dieciséis, de vez en cuando le robaba vino al abuelo. Una vez tomó una botella, pero resultó que toda la colección de la cava había desaparecido. Toda la familia asumió que había sido él y le dieron una tunda entre todos. Al final, Jairo sacó las botellas diciendo que las había encontrado en el cuarto de Víctor.

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