Hace unos momentos, Floriana estaba furiosa y angustiada, pero ahora ya se había calmado un poco.
—Al rato te traigo tus cosas de limpieza personal y algo de ropa limpia.
—Te lo agradezco —respondió Víctor, mostrándose un tanto incómodo.
—Y en cuanto a Facundo...
—¡No vayas a buscarlo! Si lo haces, ¡seguro intentará chantajearte! A fin de cuentas soy de los Crespo, no se atreverá a hacerme nada. ¡No tienes que preocuparte por mí ni intentar ayudarme! ¡Tú enfócate en cuidar a Carlota! Si tienes que unirte al rodaje, hazlo ya; concéntrate en tu trabajo y olvídate de este desastre.
Floriana soltó un suspiro. ¿Cómo iba a desentenderse? Después de todo, el origen de ese problema era ella.
—Te haré caso, no lo buscaré.
—Ya suficiente tuve con mi propia estupidez como para que tú cometas otra.
—¿Hasta ahora lo admites? —dejó escapar una risita Floriana.
En ese momento, Víctor se puso inusualmente serio.
—La jugada de Facundo fue bastante sucia, y es obvio que su objetivo eres tú. Bajo ninguna circunstancia debes buscarlo; si vas tras él, estarías entregándote en bandeja de plata.
—Ya lo sé, te juro que no lo voy a buscar.
Al escuchar a Floriana prometerlo por segunda vez, Víctor por fin se relajó un poco.
—Dile a Carlota que me fui de viaje de negocios. Tal vez regrese en tres o cinco años... o a lo mejor en diez o veinte. Pero que cuando vuelva de ese viaje, le compraré absolutamente todo lo que ella quiera.
Al escuchar eso, a Floriana se le humedecieron los ojos.
—Está bien, yo mantendré a Carlota al margen de esto.
Al salir de la delegación, Isabella le sugirió a Floriana que se fuera a su casa a esperar noticias, pero ella insistió obstinadamente en acompañarla al hospital.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...