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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 941

La intención de Jairo era que Floriana fuera de inmediato a la delegación para ver a Víctor y pedirle que no abriera la boca. La familia Crespo le conseguiría un abogado, mientras Jairo iría al hospital a revisar qué tan grave era lo de Facundo. Si no era de cuidado, intentaría mediar para que el asunto no pasara a mayores.

Al llegar a la delegación, como Jairo ya había movido sus contactos, Floriana y las demás pudieron ver a Víctor sin contratiempos.

—¿Ya se murió ese infeliz? —fue lo primero que preguntó Víctor, con una actitud bastante altanera, sin medir en absoluto la gravedad de la situación.

Isabella soltó un suspiro pesado. Con razón Jairo le pidió a Floriana que fuera a verlo de inmediato; conocía perfectamente a su familiar.

—¡Si se muere, olvídate de salir de aquí! —le reclamó Floriana, angustiada.

—Si se muere, no me importa pudrirme en la cárcel —respondió Víctor, a quien le dio igual.

—¡Víctor! ¿Por qué eres tan impulsivo? ¡No piensas en las consecuencias!

—¡Se burló de mí, y no solo una vez! ¡Si no le daba una lección, iba a seguir creyendo que soy un idiota al que puede manejar a su antojo!

—¡Víctor!

—¡Ya basta! ¡Esto es entre Facundo y yo, a ti no te incumbe!

Al ver que ambos estaban perdiendo los estribos, Isabella golpeó la mesa con la mano.

—Víctor, con razón Facundo se burla de ti —le dijo, mirándolo fijamente.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Víctor frunciendo el ceño.

—Dime algo, ¿cómo fue que te topaste con Facundo esta vez?

—Le llamé para preguntarle —respondió Víctor tras pensarlo un segundo.

—¿Tú le llamaste primero?

—Él mandó a esa tipa de Lina para que me sedujera e hizo que Floriana y yo nos divorciáramos. ¡Claro que no me iba a quedar de brazos cruzados, obvio que tenía que buscarlo!

—Entonces, él ya sabía que lo ibas a buscar, y por eso te dijo en dónde estaba.

—Se puso muy gallito... —soltó un bufido Víctor—, me dijo que no creía que me atreviera a tocarlo. ¡Ja! ¿Hay algo a lo que Víctor no se atreva? Vi que había un cuchillo en la mesa de al lado y se lo clavé directo.

Floriana se llevó una mano a la frente, completamente sin palabras por unos momentos.

—¡De haberlo sabido, le habría dado un par de puñaladas más! —masculló Víctor entre dientes.

—¡Tú... de verdad no tienes remedio! —explotó Floriana.

Para este punto, Víctor ya había caído en cuenta de que se tragó enterita la trampa de Facundo. Pero él era así: nunca se arrepentía de lo que hacía.

—Da igual, de todos modos iba a estar perdiendo el tiempo en algún lado.

—¿En serio le vas a dar el gusto a Facundo? —preguntó Isabella arqueando una ceja.

—¡Claro que no! —saltó Víctor de inmediato, recuperando el espíritu de lucha.

—Entonces no digas tonterías. Esas cosas que dijiste por puro coraje no las vuelvas a repetir bajo ninguna circunstancia. Tienes que fingir arrepentimiento y que estás reflexionando. Jairo se encargará del resto.

—Seguro que volverá a decirme que soy un inútil —hizo un mohín Víctor.

—Pero, por mucho que te regañe, siguen siendo familia.

Tras decir esto, Isabella le dio unas palmadas en el hombro a Floriana y se retiró para dejarlos solos.

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