Dicho esto, Jairo dio media vuelta y se marchó a paso firme.
Isabella tampoco se imaginaba que las cosas llegarían a tal extremo. Como era más que evidente que hablar con Facundo sería perder el tiempo, decidió dirigirse al matrimonio Prado.
—La familia Prado y la familia Crespo siempre se han llevado muy bien. Estoy segura de que no desean que esto pase a mayores. Les pido que hagan el esfuerzo de hacer entrar en razón a Facundo.
Ambos se mantuvieron con semblantes muy hoscos, ignorando por completo sus palabras.
Isabella suspiró; siendo así, ya no tenía caso seguir insistiendo.
—Flo, vámonos.
Floriana miraba angustiada a Facundo, pero al ver que él se mantenía tan inflexible, no le quedó otra opción que marcharse resignada.
Al llegar a casa, a Floriana se le hacía imposible calmarse.
Por un lado, estaba inquieta al saber que Víctor seguía en los separos. Además, tras escuchar la discusión entre Facundo y Jairo, presentía que algo muy grave estaba por estallar, y todo por su culpa. El sentimiento de culpa y la frustración la carcomían por dentro.
Después de darle muchas vueltas, decidió regresar al hospital. Sin embargo, no esperaba encontrarse a Facundo recargado cerca de los elevadores, y no sabía cuánto tiempo llevaba ahí.
—Tú...
—Sabía que vendrías.
Al terminar de hablar, Facundo se echó hacia atrás y se dejó caer pesadamente contra el muro, hasta quedar sentado en el suelo.
—¿Qué tienes?
Floriana se apresuró a acercarse y notó que la herida en el abdomen estaba sangrando de nuevo.
—¡Parece que se te reventaron los puntos!
—Debe ser... Seguro me lastimé al bajarme de la cama —dijo Facundo, aspirando profundamente varias veces debido al dolor.
—¡Iré por un médico!
Floriana salió disparada en busca de ayuda. Una vez que devolvieron a Facundo a la habitación, lo revisaron detalladamente. Resultó que sí se había desgarrado un poco la zona, pero, afortunadamente, no se le habían saltado los puntos. Le indicaron severamente que no se le ocurriera salir de la cama otra vez, porque una segunda operación sería un problema mayúsculo.
Cuando los médicos salieron, Facundo no pudo aguantar la risa.
Floriana lo contempló en silencio. Todos los torbellinos emocionales que sentía terminaron transformándose en una abrumadora impotencia.
—Ya no siento nada por ti.
—No importa. Me conformo con que seas mía —respondió Facundo, desviando la mirada.
—¿Y entonces tú sí me amas?
—¡Obviamente!
—Pues yo no lo veo como amor. Solamente logras que me asfixie y que me causes asco.
La mirada de Facundo se ensombreció de forma abrupta.
—Como sea. ¡Lo único que quiero es que me pertenezcas, y con eso me basta!
Floriana le lanzó una mirada gélida. Por una fracción de segundo, cruzó por su mente la idea de tirar la toalla y aceptar su propuesta; de esta forma, ni Víctor ni la familia Crespo terminarían perjudicados. Pero de inmediato recordó a Carlota. Una cosa era vivir sometida bajo la sombra de Facundo, ¿pero también iba a condenar a su propia hija a lo mismo?
A pesar de que él tal vez sentía cariño por Carlota, ese amor no dejaba de ser muy siniestro.
—Tómate un descanso de tu trabajo. Mañana iremos a firmar los papeles al Registro Civil y luego organizaremos la boda. Te debo mucho del pasado, así que me aseguraré de darte la mejor fiesta. Una vez casados, nos llevaremos a Carlota de luna de miel; el viaje durará todo un año, y podrán elegir el destino que quieran. Por supuesto, en cuanto estemos allá, yo retiraré mis cargos contra Víctor. Dime, ¿no te parece un plan maravilloso?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...