«¡No te dejes amenazar por Facundo!».
Estas eran las palabras que Víctor le había repetido una y otra vez, y esa frase también le daba valor a Floriana.
—No me voy a casar contigo —dijo Floriana con firmeza tras respirar hondo.
La mirada de Facundo se volvió cortante.
—¿Qué dijiste? —preguntó.
—¡Que es imposible que me case contigo!
—Hace un momento te dije que pensaras en Víctor...
—¡Ni siquiera por él me casaré contigo!
El rostro de Facundo se ensombreció aún más. Víctor era su moneda de cambio, la única que tenía. Si esa carta tampoco lograba intimidar a Floriana...
—Muy bien, ¡entonces haré que se pudra en la cárcel!
Floriana guardó silencio un momento.
—Él está en la cárcel por mi culpa. Mientras más tiempo pase encerrado, mayor será mi sentimiento de deuda hacia él. Si él está de acuerdo, el día que salga de prisión, me casaré con él.
—¡Floriana!
—¡Tú me obligaste a esto!
Tras decir esto, Floriana dio media vuelta y salió a paso firme de la habitación del hospital. Detrás de ella se escuchó el estruendo de Facundo rompiendo cosas. No se detuvo ni miró atrás. Solo cuando salió del cuarto y llegó al pasillo, dejó escapar un largo suspiro.
Sabía que se avecinaba una batalla difícil, no solo para ella, sino también para Víctor y la familia Crespo.
***
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...