—Este video se filtró en internet y ha generado un debate inmenso —dijo Hernán, mostrándole a Jairo las tendencias de búsqueda—. Seis de los diez temas principales hablan de esto. Está causando un daño reputacional terrible a los hoteles del Grupo Crespo.
Jairo guardó silencio un momento.
—Es la familia Prado —concluyó.
Hernán también lo sospechaba.
—Para lograr un impacto tan mediático en tan poco tiempo, tiene que haber alguien moviendo los hilos. Y esos deben ser los Prado —comentó el asistente.
Jairo miró la hora. Se suponía que ya debía salir del trabajo.
—Dile a todo el departamento de relaciones públicas que se quede. Tenemos una junta de emergencia —ordenó.
—Ya les avisé —respondió Hernán.
Jairo llamó a Isabella para avisarle que no llegaría a cenar a casa. En ese momento, Isabella tenía la pantalla de su computadora abierta en las redes sociales, así que ya estaba enterada del problema.
—Está bien, pero te esperaré despierta —dijo ella.
—De acuerdo.
Tras colgar, Isabella abrió el video y lo vio de principio a fin otra vez.
En realidad, ella también estaba al tanto de ese asunto. En esa época aún trabajaba en el Grupo Triunfo, y cuando se topó con el video por casualidad, lo primero que pensó fue cómo el Grupo Crespo había permitido una falla de seguridad tan grande.
Sin embargo, el video fue eliminado rápidamente de las redes y no se generó mayor debate en internet.
Casualmente, por esos días ella tuvo un viaje de negocios y se hospedó en un hotel de esa misma cadena. Al entregar la habitación, escuchó de coincidencia a un huésped preguntarle al gerente sobre el tema.
El gerente había explicado que el sujeto no era un empleado, sino alguien que se disfrazó para colarse en el hotel, y que el problema entre él y el hombre del video era una riña personal.
En ese momento ella no le dio mucha importancia. Nunca imaginó que ahora usarían ese incidente como una daga para atacar sin piedad al Grupo Crespo.
Era evidente que alguien estaba conspirando contra el grupo, y no hacía falta ser un genio para saber de quién se trataba.
—Entre más lógica es la verdad, menos la cree la gente, porque a los mirones les gusta el morbo. Solo cuando las cosas se salen de control es cuando realmente disfrutan el circo.
Lucas tenía razón, aunque el problema no era imposible de resolver. Solo necesitaban pruebas contundentes.
—Lucas, ayúdame a investigar este incidente del pasado. Aunque en su momento no hizo mucho ruido en internet, seguro podemos escarbar y sacar algunos datos —pidió Isabella.
El niño se puso a trabajar de inmediato. Era un genio con la tecnología, a tal grado que a veces hasta dejaba impresionado al propio Jairo. En poco tiempo recopiló todo y se lo imprimió a su madre.
Isabella le dio una leída rápida. No había mucha información útil, pero logró destacar algo.
—Lucas, búscame los antecedentes del huésped que recibió la paliza.
—Este tipo tiene una cuenta registrada en redes sociales.
Lucas lo encontró en cuestión de segundos, pero al abrir el perfil, notaron que la foto de usuario estaba en blanco y negro.
—Está muerto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...