Esta vez, Isabella se presentó gritando a todo pulmón, y la mujer por fin logró escucharla.
—No las conozco. ¿Qué quieren de mí? —preguntó la señora.
—Hace tres años, su esposo se hizo pasar por empleado del hotel y golpeó a un huésped. ¿Está enterada de eso? —explicó Isabella alzando la voz.
—¿Qué dice?
Isabella respiró hondo y se lo repitió a gritos.
Tras escucharla, el rostro de la mujer cambió por completo y empezó a agitar las manos en el aire.
—¡No sé de qué me está hablando! ¡No escucho ni una sola palabra! Váyanse de mi casa de una vez, ¡voy a cenar! —exclamó.
Dicho esto, retrocedió hacia el interior e intentó cerrar la puerta, pero Isabella la bloqueó rápido con la mano.
—¡El video de su esposo golpeando a ese hombre se filtró en internet! —gritó Isabella.
—¡No escucho!
—¡Hay mucha gente insultándolo!
Al escuchar esto último, la mujer detuvo su intento de cerrar la puerta.
—Esa gente no sabe nada. ¿Por qué maldicen a mi esposo? —preguntó indignada.
—¡Precisamente quiero saber qué fue lo que pasó realmente en aquel entonces para poder defenderlo en internet! —explicó Isabella a gritos.
La mujer dudó un instante, pero terminó negando con la cabeza.
—Ya pasó mucho tiempo. ¡No quiero hablar de eso! ¡Lárguense ya!
—Señora, este asunto es de vital importancia para nuestro hotel...
No alcanzó a terminar la frase cuando la puerta se cerró de un portazo, dejándolas afuera.
Isabella se había lastimado la garganta de tanto gritar y ni siquiera había logrado aclarar nada. Intentó tocar un par de veces más, pero la mujer ignoró por completo los golpes.
—Olvídalo, volveremos mañana.
Ambas regresaron al coche. Como no había lugar para hospedarse en esa zona rural, no les quedó más remedio que volver al pueblo grande.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...