Floriana le arrebató su celular a Alexa y se lo mostró a Julieta.
Al ver las fotos, Julieta palideció de inmediato.
—Alexa, ya te lo he dicho un montón de veces, ese tipo no es de fiar, mira nomás...
—¡Es su hermano! —le gritó Alexa, bastante harta.
Julieta frunció el ceño.
—Pero si en la foto están agarrados de la mano, ¿cómo van a ser hermanos?
—¡Son hermanos! ¡Hermanos! ¡Vicente no me mentiría! Además, le crees todo a los demás, pero a mí nunca me crees nada. ¿Pues de quién eres mamá?
Dicho esto, Alexa se fue furiosa.
Julieta suspiró, llena de impotencia. Miró el resto de las fotos y se convenció aún más de que ese sujeto estaba engañando a su hija.
—Ay... La verdad es que los golpes que Alexa trae en la cara... ¿cómo no me iba a dar cuenta de que ese tipo le pegó? Tampoco quiero que se case con él. Pero ella dice que se muere si la deja, así que no me quedó de otra más que prometerle que juntaría dinero para comprarles una casa, con la esperanza de que, por el interés de la propiedad, la trate un poco mejor.
Julieta dejó escapar un pesado suspiro.
Floriana recuperó su celular.
—Si el hombre tiene familia, es imposible que se case con tu hija. Solo le quiere sacar dinero.
En ese preciso momento, Alexa, como si hubiera perdido la razón, aventó una jarra de agua desde el segundo piso.
Una mujer que estaba lavando ropa en el patio de la vecindad estuvo a punto de recibir el golpe.
—¡Qué te pasa, loca! ¡Casi me matas! —le gritó la mujer a Alexa tras ponerse de pie.
Al ver eso, Julieta corrió a disculparse con ella.
—¡Su hija está mal de la cabeza! ¡Llévesela de aquí ya, nos tiene hartos a todos!
—¡Mi hija está perfectamente bien, la loca es usted!
—¡Uy, pues con razón! ¡De tal palo, tal astilla!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...