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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 957

Floriana le arrebató su celular a Alexa y se lo mostró a Julieta.

Al ver las fotos, Julieta palideció de inmediato.

—Alexa, ya te lo he dicho un montón de veces, ese tipo no es de fiar, mira nomás...

—¡Es su hermano! —le gritó Alexa, bastante harta.

Julieta frunció el ceño.

—Pero si en la foto están agarrados de la mano, ¿cómo van a ser hermanos?

—¡Son hermanos! ¡Hermanos! ¡Vicente no me mentiría! Además, le crees todo a los demás, pero a mí nunca me crees nada. ¿Pues de quién eres mamá?

Dicho esto, Alexa se fue furiosa.

Julieta suspiró, llena de impotencia. Miró el resto de las fotos y se convenció aún más de que ese sujeto estaba engañando a su hija.

—Ay... La verdad es que los golpes que Alexa trae en la cara... ¿cómo no me iba a dar cuenta de que ese tipo le pegó? Tampoco quiero que se case con él. Pero ella dice que se muere si la deja, así que no me quedó de otra más que prometerle que juntaría dinero para comprarles una casa, con la esperanza de que, por el interés de la propiedad, la trate un poco mejor.

Julieta dejó escapar un pesado suspiro.

Floriana recuperó su celular.

—Si el hombre tiene familia, es imposible que se case con tu hija. Solo le quiere sacar dinero.

En ese preciso momento, Alexa, como si hubiera perdido la razón, aventó una jarra de agua desde el segundo piso.

Una mujer que estaba lavando ropa en el patio de la vecindad estuvo a punto de recibir el golpe.

—¡Qué te pasa, loca! ¡Casi me matas! —le gritó la mujer a Alexa tras ponerse de pie.

Al ver eso, Julieta corrió a disculparse con ella.

—¡Su hija está mal de la cabeza! ¡Llévesela de aquí ya, nos tiene hartos a todos!

—¡Mi hija está perfectamente bien, la loca es usted!

—¡Uy, pues con razón! ¡De tal palo, tal astilla!

—Un millón de pesos, ¿no? Ya te dije que no voy a...

—¡Quiero diez millones!

Isabella se quedó muda por un instante. Vaya que Alexa no tenía vergüenza para exigir.

—¿De verdad crees que tu aclaración vale todo ese dinero?

—Vicente me dijo que Grupo Crespo tiene cientos de hoteles, y que si no arreglan este escándalo a tiempo, el impacto será brutal. No digamos diez millones, ¡hasta cien millones me darían! Pero ahorita me conformo con diez.

Mientras hablaba, a Alexa le temblaban los ojos de la pura emoción.

Antes de que Isabella pudiera responder, Julieta jaló del brazo a su hija.

—¡De verdad ya perdiste la razón! ¿Por qué te iban a dar tanto dinero?

—¡Mamá! Con esos diez millones, Vicente y yo nos podremos comprar una casa, ¡la mejor casa de la ciudad! ¡Y entonces se casará conmigo y me tratará como a una reina toda la vida!

—¡Pero si ese hombre ya tiene familia! ¡Es imposible que se case contigo!

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