—¡Él me lo juró! ¡En cuanto tengamos esos diez millones, se va a divorciar de su mujer para casarse conmigo!
—¡Ay, Dios mío! —exclamó Julieta, llevándose una mano al pecho por el coraje—. ¿Te das cuenta de las tonterías que estás diciendo?
—¡No me importa, me voy a casar con Vicente porque me voy a casar con él!
Julieta ya no sabía qué hacer con ella. Volteó a ver a Isabella y le suplicó:
—Señorita Quintero, no le dé el dinero. ¡Ni un solo peso!
Alexa se desesperó y empujó a su madre con todas sus fuerzas.
Como Julieta era bastante delgada y frágil, el empujón la mandó directo al suelo.
Isabella y Floriana se acercaron de inmediato para ayudarla a levantarse, pero Alexa estaba tan fuera de sí que incluso levantó la mano con la intención de golpear a su propia madre.
—¡Escúchame bien, Alexa! ¡No te voy a dar ni un solo peso! —le gritó Isabella.
Alexa pegó un brinco del coraje. Como no podía desquitarse con Isabella, se fue contra Julieta:
—¡Bonita madre resultaste! En lugar de ayudar a tu hija a conseguir el dinero para casarme bien, ¡te pones del lado de las extrañas! ¡No mereces ser mi madre, para mí estás muerta!
Tras decir eso, Alexa salió corriendo.
Sin importarle el dolor del golpe, Julieta se apresuró a ir tras ella.
Floriana vio cómo se alejaban y negó con la cabeza, frunciendo el ceño.
—Esta muchacha, de verdad, necesita ayuda psiquiátrica.
Julieta no logró alcanzar a su hija, así que no tuvo más remedio que regresar al cuarto que rentaban. Sin embargo, pasó toda la noche esperando y Alexa nunca llegó. La angustia no la dejaba en paz, pero como no conocía a nadie más que pudiera ayudarla, terminó buscando nuevamente a Isabella y a su amiga.
—¿Sabe dónde vive ese tal Vicente? —preguntó Isabella.
Julieta negó con la cabeza.
—Mi hija nunca me ha querido contar nada sobre él.
—¿Y dónde trabaja?
—Solo sé que, al parecer, es mecánico.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...