—¿Dónde está mi hija, Vicente? ¿Dónde la tienes escondida? —le exigió Julieta, plantándose frente a él.
Vicente levantó las manos, a la defensiva.
—Ey, vieja loca, bájele a su rollo. ¿Para qué iba yo a esconder a su hija? ¡Ni que me importara tanto!
—¿Dónde está?
—Está... —Vicente arrastró las palabras a propósito—. En un lugar, uno donde jamás la vas a encontrar.
—¡Y todavía tienes el descaro de decir que no la escondiste!
—Ella está ahí por su propia cuenta, hasta si la corro no se va.
Julieta asintió apresuradamente.
—Está bien, tú no la tienes escondida. Pero por favor, dime dónde está.
Vicente se encogió de hombros.
—Su hija me pidió que no le dijera.
—¡No le hagas caso a ella!
—Claro que tengo que hacerle caso, va a ser mi futura mujer.
—¡Tú ya estás casado!
—En cuanto tenga el dinero en la mano, me divorcio en caliente.
—¡Eres un...!
—Ah, casi se me olvida. Su hija quiere que le saque la lana a la ricachona lo más rápido posible. Solo le dio tres días. Si en tres días no le cumple, va a hacer algo de lo que usted se va a arrepentir toda la vida.
Julieta palideció. Quedaba claro que ella sabía muy bien de lo que Alexa era capaz de hacer.
—¿Acaso Alexa no te lo dijo? No les voy a dar dinero, ni un maldito centavo —intervino Isabella con voz helada.
Vicente chasqueó la lengua.
—¿Qué necesidad de ponerse así? Están perdiendo un dineral todos los días, y por solo diez millones de pesitos nos aseguramos de limpiar su imagen. Es un negocio redondo para todos, ¿por qué son tan agarrados? Además, diez millones para el Grupo Crespo son lo que le quitan a un gato de pelos, ni se siente.
—El dinero que tenemos lo usamos de forma correcta. No se lo vamos a regalar a cualquiera y, mucho menos, a dejarnos extorsionar.
—Sale vale, parece que todavía no les duele el bolsillo. Pues esperamos, a mí no me corre ninguna prisa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...