—Floriana, yo no soy menos que tú. ¿Por qué él te ama a ti y no a mí? ¿Por qué, por más que me esfuerzo actuando, nunca logro tu éxito? En cuanto tú apareces, los ojos de él y de todos se clavan en ti. Soy como un personaje secundario en tu vida... no, ni siquiera eso, soy un extra sin diálogos.
Floriana negó con la cabeza.
—¿Por qué a fuerza tienes que compararte conmigo?
—¿Y por qué no habría de hacerlo?
—Tú tienes tu propia vida. Si sigues tu propio camino, serás la protagonista. Pero te empeñas en robarme mi vida, por eso estás condenada a fracasar.
—¡Como ya lo tienes todo, por eso te das el lujo de decir esas cosas!
Floriana se frotó la frente; platicar de más con Esther era una pérdida de tiempo.
—Piensa lo que quieras.
En ese momento, se acercaron los guardias de seguridad. Floriana les pidió de favor que sacaran a Esther y a sus abuelos.
El anciano se tiró al piso, negándose a cooperar, y le gritó al guardia que se acercaba:
—¡Soy un viejo, con cualquier toquecito me rompo! ¡Si se atreven a ponerme una mano encima, van a tener que pagarme una buena lana!
Al oír eso, los guardias no se atrevieron a moverlo a la fuerza.
—Señorita, convenza a su familiar de que coopere. Si siguen así, vamos a tener que llamar a la policía —le advirtió un guardia a Esther.
Esther, sin embargo, miró a Floriana, con la esperanza de que, para evitarse problemas, terminara cediendo.
Pero Floriana no hizo nada; solo observaba toda la escena con frialdad.
Esther por fin perdió la esperanza. Floriana no iba a ayudarla.
De pronto, soltó una carcajada.
—Floriana, ¿crees que puedes librarte de Facundo? ¡Te digo que es imposible! ¡Él siempre consigue a quien quiere, y tú no eres la excepción!
—¡Mientras yo no ceda, que se olvide de eso!
Dicho esto, Floriana dio media vuelta y entró a la casa.
Cerró la puerta principal. Ya fuera que los guardias actuaran por su cuenta o llamaran a la policía, de un modo u otro lograrían sacar a la familia de Esther.
—Mamá, ¿por qué esa gente no se quiere ir de la casa? —preguntó Carlota, que claramente no tenía ganas de hacer la tarea y, al escuchar la puerta, bajó corriendo las escaleras.
Floriana le dio un golpecito suave en la frente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...