—Ni es mi obligación, ni tengo la más mínima intención de ayudarla.
Floriana respiró profundo otra vez.
—Se los repito: en vez de perder el tiempo aquí, vayan a llorarle a Facundo a ver si él los saca del apuro.
—¡Señorita Sánchez, se lo imploramos! No tenemos a quién más recurrir.
La pobre anciana juntó las manos, suplicándole con desesperación.
Floriana les exigió de nuevo que se retiraran, pero como el señor seguía atrincherado en la entrada, no le quedó más opción que agarrar el celular para marcarle a seguridad.
—Floriana, ayúdame, te lo suplico.
Resulta que Esther había estado ahí todo el tiempo, escondida detrás del muro. Al ver que sus abuelos no lograban conmover a Floriana, tuvo que salir a dar la cara, perdiendo la poca dignidad que le quedaba.
—Facundo me vetó en todos lados. Nadie me quiere dar papeles, perdí mis contratos de publicidad y ni siquiera puedo subir nada a redes sociales. Si no consigo el dinero para pagarles, me van a meter a la cárcel.
—Tus abuelos no tienen idea de todo lo que pasó entre nosotras, ¡pero tú sí! ¡Qué descaro tienes para venir a rogarme! —le soltó Floriana, apretando los dientes.
—Yo sé que me pasé de la raya contigo antes, pero... tú fuiste la que empezó todo. Si yo no hubiera salvado a Facundo esa vez, ni lo habría llevado a aquel hospital y tú ni de chiste lo habrías conocido. Así que... tómalo como que me estás pagando el favor de habérselos presentado, por favor, sácame de esta bronca.
Floriana se masajeó la sien.
—Sí, acepto que por ti conocí a Facundo, y reconozco que cuando él malinterpretó las cosas, yo me quedé callada. Por eso mismo, cuando empezaste a vengarte de mí, jamás me defendí. Me aguanté tus chingaderas una y otra vez. Esa cuenta ya está más que saldada. Si Facundo te ama o te odia, me viene valiendo madres. ¡Yo ya no soy nada suyo, ni tuya, no tenías por qué venir a plantarte aquí!
—De verdad, ya no sé qué hacer.
—Ese es tu problema, no el mío.
Esther soltó en llanto y se le fue encima:
—Facundo nunca me ha tocado, ¡te lo juro! De hecho, ni siquiera fuimos novios formales. Cuando nos veías muy acaramelados, lo hacía a propósito para darte celos. Hoy él mismo me mandó para acá, me exigió que viniera a aclararte todo. Si lo perdonas, él prometió ayudarme.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...